La compañera silente

Texto y música: Bhakti Gauravani Goswami

Una sombra camina siempre a mi lado,
del primer día hasta la última hora.
Silente, paciente, no se aleja de mí—
un poder invisible, una fuerza oscura.

Nací en un día bañado de sol—creí ver claridad, lleno de orgullo, tracé mil planes, pero, ¿qué quedará? Día tras día di la espalda a esa compañera muda, pero ya no puedo huir de su calma aguda.

Construí mi vida con sudor y afán, latidos fuertes en mi corazón. La muerte, un eco lejano, sin rostro, mi vida florecía, con clara dirección. En el vaivén de estaciones y promesas de amor, ella seguía ahí, en la sombra—testiga sin clamor.

En juegos de infancia y canas de vejez, en cada paso dado, la voz de la sombra susurró a la vez: «Esto también pasará».

Una sombra camina siempre a mi lado,
del primer día hasta la última hora.
Silente, paciente, no se aleja de mí,
un poder invisible, una fuerza oscura.

Dicen que eres el último soplo, el silencio tras la voz, donde cesan las risas, palabras y canciones – y todo se funde en paz. Algunos te ven como la nada, donde no hay ser, ni luz, ni yo; otros saben que puedes abrir la puerta del eterno amor puro.

Dime ¿a dónde vamos al morir – hacia la luz o la oscuridad? ¿A dónde nos llevan las alas del destino? Dime la verdad.

Soy un alma errante, sin saber a dónde ir,
hoy anhelo volver, quiero partir,
de la sombra hacia la luz sagrada
donde el fuego del amor nunca se apaga.

Amiga silente, no viniste a robar.
Eres un espejo que invita a pensar,
a sentir, a buscar, a preguntar, a ver,
a cruzar el velo… y volver a nacer
en otro mundo — la morada espiritual.
Quiero ir al reino trascendental.