Las vacas de Krishna en Nueva Vrajamandala

Los vaqueros de Nueva Vrajamandala

«Una persona que sirve a la vaca y la cuida en todos los aspectos recibe de ella la más rara bendición. No sientas envidia de la vaca, ni siquiera mentalmente. Intenta siempre complacerla y servirla en la medida de lo posible. Ofrécele respeto y adórala. Un ser humano que sirve con alegría a la vaca diariamente se vuelve apto para recibir una gran prosperidad». Vishnu-dharmottara II, «Vaca sagrada»

Los amigos de Krishna en Goloka Vrindavan, los gopas, pasan sus días en los hermosos pastizales de Vrajamandala. Suelen vestir prendas de seda, adornadas con cintas y flores recogidas del bosque. A menudo llevan collares de flores, brazaletes y turbantes. Y, al igual que Krishna, tienen rostros radiantes y dulces, llenos de inocencia y alegría.

Los gopas pasan sus días corriendo, cantando, danzando y jugando con Krishna. Tienen una energía inagotable y una risa contagiosa. Se dedican a cuidar vacas y terneros, llevándolos a los pastos más verdes y bebiendo agua fresca de los ríos. Les encanta jugar al escondite, a tirar de la cuerda o simplemente correr y saltar entre los árboles. A menudo comparten sus almuerzos, disfrutando de los alimentos preparados con amor por sus madres. Así es como Krishna y los vaqueritos mantienen una relación llena de amor, amistad, risas y complicidad, donde los desaİos y dificultades no hacen sino reforzar aún más su vínculo amoroso.

Los vaqueros de Nueva Vrajamandala llevan un estilo de vida profundamente ligado a la tradición y cultura vaishnava, aunque también saben ajustarse a los cambios de los tiempos modernos. Puede que sus vidas cotidianas no se asemejen del todo a las de los vaqueritos que pastoreaban con Krishna en los pasatiempos trascendentales, pero, aun así, mantienen un vínculo especial con las vacas, consideradas sagradas en la cultura védica. Nuestros vaqueros, vestidos con ropas sencillas y con cuentas de madera de tulasi alrededor del cuello, continúan cuidando de las vacas: llevándolas a pastar, ordeñándolas a mano, curándolas cuando están enfermas, dándoles agua fresca y abundante comida. También procesan la leche para producir yogur y queso fresco, mantequilla y ghee, limpian la vaquería, reciben a los visitantes, administran la economía y deciden sobre nuevos proyectos que siempre buscan llevar a cabo para mejorar el establecimiento ––esto, entre muchas otras tareas. «Cuidar de las vacas no es solo un servicio, es una misión. Ser vaquero no significa solamente venir a ordeñar, pastar a las vacas y darles de comer. No. Ser vaquero es igual que ser bombero: tenemos que estar 24 horas atentos a lo que pasa con las vacas. Siempre debemos estar listos para protegerlas y ayudarlas a salir de dificultades. Ellas son nuestra familia, nuestras madres, y siempre debemos estar disponibles para ellas». –-Dina Sharana Los vaqueros, siendo devotos de Krishna, consideran a las vacas como miembros de su hogar. Escuchan y cantan los santos nombres de Krishna mientras las cuidan, manteniendo viva la tradición espiritual.

Pero esto no significa que solo los devotos de Krishna sean buenos vaqueros. Mis abuelos, por ejemplo, eran también vaqueros y no sabían nada acerca de la conciencia de Krishna. Sin embargo, cuidaban con amor y dedicación de sus vacas y de los demás animales. Cuando alguna vaca se hacía vieja, unos vecinos les sugerían enviarla al matadero, pero mi abuelo estaba completamente en contra. Él decía: «¿Cómo puedes hacerle eso? ¡Después de que te ha dado tanto! Déjala que muera en su casa, tranquila».

Ellos, entre muchos otros, son ejemplos de que para cuidar amorosamente de las vacas no es necesario hacerse devoto de Krishna. Basta con tomar un poco de conciencia y hacer lo que podamos desde nuestra propia posición. Sin embargo, ser vaquero y ser devoto al mismo tiempo es una combinación ideal, porque el devoto podrá sentir a Krishna más intensamente, y Krishna manifestará un favor especial hacia él. De izquierda a derecha: Dina Sharana, Damodara Priya, Pushpa Gopal, Paul, Arjuna, Parama Karuna y Madhavi, con Krishnachandra

En la vaquería Rupa Goshala podemos señalar a muchos vaqueros que han dedicado tiempo y sacrificio al cuidado de las vacas: Jitendriya Dasa, Anadi Krishna Dasa, Mahalaksmi Devi Dasi, Venudhara Dasa, Parama-dhama Dasa, Adirasa Dasa, Haridvar Dasa, Gauracandra Dasa, Prithu Dasa1, Surabhi Dasa, Pushpa Gopala Devi Dasi, Alberto (Arjuna Dasa), Vanamali Dasa, Vraja-jana-ranjana Dasa, Ratnanga Dasa, Víctor, Carlos, Paul, Dina Sharana Dasa, Damodara Priya Devi Dasi, Parama Karuna Dasa… entre muchos otros, a quienes estamos profundamente agradecidos.

A ellos, y a tantos más, les debemos nuestros respetos y nuestro sincero aprecio, porque han realizado una labor que, en muchas ocasiones, nadie quería asumir. No todos están dispuestos a levantarse temprano cada día, sin importar que sea Año Nuevo o Navidad, que llueva o nieve, que estén sanos o enfermos. Cada mañana y cada tarde allí estaban, porque las vacas les esperaban. Muchos de ellos no eran vaqueros al principio, no sabían nada sobre las vacas, pero se atrevieron a intentarlo. Ese coraje que se manifestó en sus corazones, inspirado por el deseo de complacer a Krishna, ha dado tantos frutos que incluso los vaqueros más experimentados, que provienen de generaciones dedicadas al cuidado del ganado, quedan asombrados y los admiran. Un ejemplo es Arjuna Dasa, antes conocido como «Alberto “il” vaquero», hijo de padres italianos, que conoció a los devotos y la conciencia de Krishna en Ámsterdam a principios de los años 80. Más tarde, durante unas vacaciones en España, se encontró con los devotos de nuevo y visitó Nueva Vrajamandala por primera vez. Arjuna nos cuenta:

«En los años siguientes iba y venía desde Italia. A veces me quedaba dos o tres meses en la granja, una vez incluso seis meses. Finalmente, en diciembre de 1998 regresé de nuevo y empecé a bajar cada día a

1 Este devoto reside actualmente en Radhadesh, Bélgica; es distinto de Prithu que dirige el departamento de agricultura en Nueva Vrajamandala.

la vaquería. Siempre me habían gustado los animales, así que llevaba fruta y verdura a las vacas y aprendí a cepillarlas. En esta época, Adirasa estaba cuidando de las vacas, y un día me enseñó a ordeñar. Después me preguntó si podía quedarme un mes para hacer este servicio, porque él quería irse a distribuir libros durante el maratón de sankirtan. Antes de marcharse, me dijo: “No te preocupes si al principio no dan mucha leche, porque no te conocen. Lo importante es ordeñarlas dos veces al día”. Gracias a Krishna, no hubo ningún problema. Todo lo contrario: en pocos días las vacas dieron más leche de la que se esperaba.

Al año siguiente volví de nuevo y, como Adirasa quería cambiar de servicio, Yadunandana me pidió que me quedara como encargado de la vaquería. Sin pensarlo dos veces, acepté, y así comenzó mi maravillosa aventura con las vacas».

Damodara Priya y Dina Sharana tampoco tenían experiencia de una vida dedicada al cuidado de animales. Dina Sharana explica: Arjuna ordeñando a Radharani

«Nunca habíamos vivido en el campo, siempre en ciudades, con nuestro propio negocio… pero vinimos a Nueva Vrajamandala a cuidar de las vacas y, realmente, ahora todo nuestro interior ha cambiado. Estando con ellas, vivimos más en la bondad, en la paz y en el amor. Esta vida de vaquero es la mejor que he tenido hasta ahora, y seguiré aquí con las vaquitas. Como dice Srila Prabhupada: las vacas no son solo animales, son madres, están llenas de amor y transmiten ese amor a toda la gente. Nosotros podemos sentirlo, y todavía tienen más para ofrecer a todos los que quieran venir a visitarlas».

Tanto Arjuna como Dina Sharana y Damodara Priya coinciden en que ser vaqueros es lo mejor de sus vidas. Sus vidas cambiaron por completo.

Paul es de Transilvania, una región de Rumanía. A los 19 años vino a España y, después de vivir un año en Madrid, se encontró con un Dina Sharana y Damodara Priya con Parvati y su ternero Ganesh devoto. Paul ya estaba buscando un sentido para su vida y, tras hablar con el devoto, sintió que la conciencia de Krishna era lo que había estado buscando.

Cuando llegó poco después a Nueva Vrajamandala, pronto empezó a bajar regularmente a la vaquería, donde conoció a Alberto, quien le enseñó a ordeñar y a realizar otros servicios para las vacas. También ayudó en la vaquería de Anadi, donde aprendió muchas cosas y empezó a recordar su infancia, pues su padre había tenido algunas vacas. En lo que se refiere a mi esposo, Parama Karuna, y a mí, aunque nuestra experiencia como vaqueros es muy corta, también podemos Paul con Yamuna-mayi y Krishnachandra decir que nuestras vidas han cambiado por completo desde que decidimos dedicarnos a este servicio.

Servir a las vacas ofrece la oportunidad de experimentar lo que significa «vida sencilla y pensamiento elevado», porque con las vacas no podemos ser de otra manera. Con ellas debemos ser sencillos; no podemos llevar una vida extravagante y complicada, ya que eso no es compatible. Pushpa Gopal Devi Dasi nos cuenta:

«Las historias que vivimos como vaqueras marcan nuestra relación con las vacas. Tantas ansiedades que a veces tenemos que pasar... Hay muchas pruebas que se presentan en Kali-yuga. En estos tiempos no es fácil ser una vaca y tampoco es fácil ser una vaquera y cuidarla, porque la realidad es que la verdadera protección solamente puede brindarla Krishna. Aunque seas un buen devoto o una buena pastorcita, no estás exento de retos y obstáculos. Dependemos de la Parama Karuna y Madhavi con Madhurya y su ternero Krishnachandra misericordia de Krishna, y si Krishna quiere que algo pase, entonces, va a pasar. No podemos cambiar la decisión del Señor».

En nuestra mente tenemos una imagen pintoresca o una idea feliz al ver a Krishna con los vaqueritos y las vacas. Pero cuando los vaqueros vivimos el día a día, no siempre vemos reflejada esa alegría que aparece en las pinturas de los libros sagrados. En mi poco tiempo como vaquera he podido experimentar que, cuando uno sirve a las vacas de Krishna, hay momentos cruciales en los que no se tiene tiempo para pensar: simplemente hay que actuar. Momentos de «ya», de actuar rápido, en el instante. En esos segundos senơ plenamente cómo Krishna se encargaba de dar la inspiración en el corazón a través de Su forma de Superalma. Muchas veces me creí incapaz de hacer cosas que finalmente terminé haciendo. Sé que esos logros se deben a que Krishna mismo se está encargando de Sus vacas. Él está cuidando de ellas y nos utiliza como instrumentos. Entonces, aunque sea algo pequeño de mi experiencia, para mí resulta muy significativo.

Arjuna Dasa cuenta que vivió muchísimas de estas historias, en las que al principio no entendía cómo «llega algo que no piensas, esas ideas, esa inspiración que te manda el Señor desde arriba»:

«Es muy bonito ser vaquero, pero os soy sincero: es muy bonito cuando ya ha pasado. Ahora recibo mucha misericordia por haber cuidado de las vacas, como mis viajes a India o mi iniciación. Pero ser vaquero todos los días… eso es muy duro. Porque son todos los días, mañana y tarde. Y mucho tiempo estuve solo, sin ayuda, sin nadie más que ordeñara o limpiara. Pero lo hice. Después me di cuenta de que no estaba solo, nunca lo había estado. Dentro de mí está Krishna, que me da fuerza, una fuerza que no es mía, que nunca tuve. Yo siempre fui un poco vago. Pero en la vaquería no: allí tenía una fuerza y una inspiración que venía de dentro. A veces llegaba por la mañana y me encontraba con alguna situación y no sabía cómo actuar… En ese momento no se reflexiona, porque Krishna directamente se hace cargo y uno no sabe ni cómo.

Hace tiempo aquí éramos muy pocos y todo estaba muy triste. No es como ahora, que convivir con tantos devotos es normal. Antes era muy duro, pero cumplimos con nuestro deber. Porque Krishna quiere mucho a las vacas. Krishna nunca permitió que Sus vacas se quedaran sin comida. Si hacemos bien el servicio, con cariño y con amor, Krishna se ocupa del resto. No hay que preocuparse».

Arjuna Dasa no se llamaba así cuando era vaquero. Este nombre lo recibió gloriosamente de su maestro espiritual y significa «sirviente de Arjuna», el mejor de los guerreros y el más íntimo amigo de Krishna. Antes se llamaba Alberto, el nombre que le dieron sus padres al nacer. Pero, tras entregarse al proceso de conciencia de Krishna y servir a las vacas durante tantos años, su conciencia mostró los signos de una fe firme y establecida. Convencido por el amor del Señor Krishna, se rindió a su maestro espiritual, Purusatraya Swami. Por su parte, Arjuna atribuye todo este mérito a sus amadas vacas y afirma que cualquier bendición que él pueda recibir se debe a que Krishna Alberto después de entregar la leche en la cocina tiene muy en cuenta el servicio que realizó como vaquero. Aunque ahora Arjuna Dasa ya no sea Alberto, decidí narrar estas historias conservando su nombre antiguo, para mantener la originalidad de los relatos.

Arjuna con Rasa