
La expresión go-mātā, «madre vaca», ha sido empleada durante siglos para expresar el lugar especial que ocupa este animal en la cultura védica. La vaca no solo nutre con su leche, sino que también encarna cualidades de entrega y compasión que recuerdan al amor incondicional de una madre. Cuando vive en un entorno de respeto, sin violencia y con una alimentación natural, su leche se considera un alimento puro y beneficioso, muy diferente de la leche industrial de hoy día, capaz de fortalecer tanto el cuerpo İsico como los tejidos más sutiles del cerebro. Por ello, los sabios de la antigüedad reconocieron a la vaca como una de las siete madres de la humanidad: la madre biológica, la niñera, la esposa del maestro espiritual, la esposa del rey, la esposa de un brahmana, la Tierra y la vaca, y la tomaban como base de su vida ascética. Sundari y su hijo Jagannatha
Quien ha convivido con ellas sabe que las vacas son mucho más que productoras de leche: tienen carácter, memoria, emociones y, sobre todo, una capacidad sorprendente de crear vínculos con las personas. A veces muestran dulzura, otras veces firmeza, pero siempre despiertan una respuesta en quienes las tratan con sinceridad. En este sentido, la vaca no es solo símbolo de dharma, sino también una maestra silenciosa que enseña paciencia, ternura y reciprocidad.
En Rupa Goshala esta visión cobra vida en el día a día. Como las vacas son tratadas con dignidad y gratitud, independientemente de que den leche o no, algunas han dado pruebas sorprendentes de generosidad, produciendo leche incluso sin haber tenido terneros. Otras han conmovido a quienes las cuidan con gestos de cariño, de inteligencia o de protección inesperada. Este tipo de vivencias muestran que el lazo entre humanos y vacas va más allá de lo utilitario: es un vínculo espiritual y afectivo que transforma a quien lo experimenta.
Por eso, hablar de go-mātā no es solo citar escrituras ni repetir principios filosóficos; es también escuchar y valorar las experiencias de quienes han convivido con ellas. Las historias que siguen recogen momentos entrañables y reveladores en los que las vacas de Rupa Goshala han dejado una huella imborrable en los corazones de residentes y visitantes. *** Hace muchos años que Vraja-lila Devi Dasi vive en Nueva Vrajamandala. En un momento dado, ella y su esposo decidieron traer un bebé a este mundo. En aquel tiempo no había niños en la finca, salvo una niña que ya estaba casi en la adolescencia. No exisơa el ambiente de madres e hijos que a ella le habría gustado. Se senơa sola, porque también echaba de menos a su propia madre. Estaba a punto de convertirse en madre, pero no había otra madre que la acompañara en esos instantes tan especiales, que solo una madre puede entender. Habían decidido criar a su bebé —que después sería
Go-mātā — la madre vaca
Gayatri, una hermosa niña— en un entorno donde pudiera desarrollar su conciencia de Krishna. Por eso decidieron vivir en Nueva Vrajamandala. Pero, aun así, senơa esa carencia y esos sentimientos de soledad.
«Para mí fue increíble, aunque suene un poco místico lo que voy a contar. Yo lo experimenté como algo muy real, algo muy vívido. Krishna me maternó en ese momento; me dio lo que yo necesitaba a través de las vacas. Senơa una soledad, un vacío, pero cuando bajaba cada día a la vaquería con mi bebé, esa carencia se cubría con el amor de las vacas. Luego subía a casa completamente nutrida, completamente en paz. Me senơa muy a gusto, muy acompañada, solo por estar allí con la vaca madre cada tarde». — Vraja-lila
A las cuatro y media de la tarde, el vaquero llamaba a las vacas con voz fuerte: «¡Bolo, bolo, bolo!» Vraja-lila también escuchaba aquel llamado, de modo que preparaba a su bebé y bajaban juntas. En el camino recogían flores para ofrecérselas a Krishna y a las vacas. Era una experiencia que la llenaba en todos los sentidos.
«Recuerdo que cuando tenía esa necesidad emocional, también tomaba la leche de las vacas. Eso producía en mí un efecto muy positivo, de plenitud y satisfacción, que me sorprendía. Me sorprendió porque era algo místico. En ese momento pude experimentar que no llegamos a apreciar ni a entender el misticismo de la madre vaca, como realmente la madre vaca es una madre en todos los aspectos. No es solo madre porque nos da leche. La madre vaca es una madre que va mucho más allá: nos puede sostener emocionalmente como una madre, cubrir necesidades como una madre... Estas vacas son muy especiales. Era una experiencia muy bonita que yo no esperaba vivir». —Vraja-lila
Las vacas tienen una capacidad única para ofrecer consuelo, amor y compañía en momentos de necesidad. Vraja-lila, al igual que muchos otros, está convencida de que esta experiencia se debió a que las vacas de Krishna son especiales y hacen vivir experiencias trascendentales. Ellas están constantemente escuchando el santo nombre del Señor, conviven con los devotos, reciben prasadam y son muy queridas por sus vaqueros y por todos los demás devotos.
Otra historia que me gustaría compartir es la de Sundari y Dina Sharana. Sundari es una vaca brava, de carácter diİcil, que a primera vista parece poco amistosa. Impone respeto y cierto temor; al ver su expresión, da la impresión de que siempre está de mal humor. No le gustan las visitas ni los cariños humanos. O al menos eso parece… Un día, Dina Sharana estaba cansado y triste, casi al borde de las lágrimas. Se sentó en un banco, afuera en el campo. Tan absorto en sus emociones, no se dio cuenta de que Sundari se estaba acercando.
De repente, Sundari se puso delante de él. Quedaron cara a cara. Dina Sharana no tenía adónde ir ni cómo escapar: estaba acorralado por ella. Tampoco podía apartar la mirada, porque lo observaba fijamente, como si viera su interior. o miraba como si dijera: «¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan preocupado?».

Entonces Sundari se acercó todavía más. Sundari Rasa
«Yo tenía mucho miedo de ser corneado, pero ella me lamió la cara y senơ que no tenía de qué preocuparme, que todo iba a estar bien. Entonces, entendí que la vaca es pleno amor, que la vaca es la madre y nosotros somos sus hijos. Fue algo que me tocó el corazón y me emocionó mucho». —Dina Sharana
Un encuentro de este índole diİcilmente se ve en vaquerías ordinarias, dedicadas a la explotación ganadera. En la sociedad actual, el maltrato y la explotación de las vacas representan una desconexión con estos valores fundamentales. Srila Prabhupada advirtió que esta actitud materialista y cruel hacia las vacas tiene consecuencias tanto en el plano espiritual como en el material:
«Un síntoma de la era de Kali lo constituye la afligida condición de la vaca. Ordeñar la vaca significa extraer los principios de la religión en una forma líquida, ya que la leche de vaca es necesaria para el fuego del sacrificio. El ternero de la vaca no solo es algo hermoso a la vista, sino que también le produce satisfacción a la vaca, en virtud de lo cual ella da tanta leche como le es posible. Pero en Kali-yuga, a los terneros se los separa de sus madres lo más pronto posible, con fines que no se han de mencionar en estas páginas del Srimad-Bhagavatam. La vaca está de pie con lágrimas en los ojos, el lechero sudra le extrae la leche de manera artificial, y cuando no hay más leche se envía a la vaca al matadero. Estos actos muy pecaminosos son los responsables de todos los problemas de la sociedad actual. La gente no sabe lo que está haciendo en nombre del desarrollo económico. La influencia de Kali los mantendrá en la oscuridad de la ignorancia. Aparte de todos los esfuerzos que están haciendo en aras de la paz y la prosperidad, deben procurar que las vacas y los toros se sientan felices en todos los aspectos. La gente necia no sabe cómo se consigue la felicidad haciendo que las vacas y los toros sean felices, pero ello es un hecho por ley de la naturaleza. Aceptémoslo basándonos en la autoridad del Srimad-Bhagavatam, y adoptemos los principios para la felicidad total de la humanidad». (Srimad-Bhagavatam 1.17.3)

Parvati con su hija Yamuna-mayi