Markine bhagavata-dharma

Verso 11

িক ক’ের বুঝাব কথা বড় েসই চািহ Ϡুϒ আিম দীন হীন েকােনা শΝЅ নািহ (১১)

ki ka’ re bujhāba kathā vara sei cāhi kṣudra āmi dīna hīna kono śakti nāhi ki ka’ re—¿cómo?; bujhāba—haré que comprendan; kathā—Tu mensaje; vara—bendición; sei—esa; cāhi—deseo; kṣudra— insignificante; āmi—yo; dīna hīna—caído y desamparado; kono śakti—ninguna capacidad; nāhi—no tengo.

¿Cómo haré para que comprendan este mensaje de la conciencia de Kṛṣṇa? Soy muy desafortunado, sin cualificación alguna y el más caído. Por ello, estoy implorando Tu bendición para poder convencerles, pues yo, por mí mismo, no tengo ninguna capacidad para lograrlo.

La humildad es la característica natural de un devoto puro. En este verso, Śrīla Prabhupāda vuelve a reflexionar sobre cómo presentar la conciencia de Kṛṣṇa de tal manera que incluso las personas inmersas en la vida material puedan comprenderla. Él percibe que la tarea es ardua y que las posibilidades de éxito son muy escasas. En varias ocasiones, durante conversaciones, recordaba cómo se había sentido en aquel momento: Yo pensaba: «¿Qué voy a hacer aquí? He venido hasta aquí. En cuanto imponga estos cuatro principios, me dirán: “Vete a casa”. Pero acepté ese riesgo. Nunca dije cosas agradables. Hablé en contra de sus actividades: “No hagáis esto, no hagáis lo otro”».

A pesar de estas aparentes dudas, Prabhupāda confiaba en que, mediante la misericordia y el poder de Kṛṣṇa, incluso lo imposible se volvería posible, tal como había afirmado en el Verso 4: «Tu misericordia sin causa puede hacer que todo sea posible, pues Tú eres el místico más experto». Cualquier capacidad o poder que posea una entidad viviente se debe únicamente a la misericordia y al empoderamiento del Señor. Esta verdad queda bellamente expresada por Arjuna en el Capítulo 15 del Primer Canto del Śrīmad-Bhāgavatam, donde recuerda a Kṛṣṇa tras la partida del Señor de este mundo. Arjuna reconoce que, ahora que el Señor se ha ido, su asombroso poder, que había dejado perplejos incluso a los semidioses, ya no está con él. En el comentario a este verso (Śrīmad-Bhāgavatam 1.15.5), Śrīla Prabhupāda explica: Si el Señor puede otorgar y retirar poderes incluso a un gran devoto como Arjuna, o a los propios semidioses en los planetas celestiales, ¿qué se puede decir entonces de los seres vivientes comunes, que no son más que criaturas insignificantes comparados con esas grandes almas? La lección es, por tanto, que nadie debe enorgullecerse de los poderes que el Señor le ha prestado. Una persona sensata, más bien, debería sentirse agradecida al Señor por tales bendiciones y utilizar ese poder en el servicio del Señor. Dicho poder puede ser retirado en cualquier momento por el Señor, por lo que el mejor uso de esa energía y opulencia es dedicarla al servicio divino. Por supuesto, así como el Señor puede retirar el poder en cualquier momento, también puede otorgarlo cuando lo desee. Por eso Śrīla Prabhupāda busca la bendición del Señor. Él se presenta como kṣudra (insignificante), dīna (caído), hīna (miserable) y śakti nāhi (sin fuerza), siguiendo así el ejemplo de otras grandes personalidades como el autor del Śrī Caitanya-caritāmṛta, Śrīla Kṛṣṇadāsa Kavirāja

Gosvāmī, quien se describe a sí mismo como dīna-hīna kṛṣṇadāsa — el más caído y miserable Kṛṣṇadāsa. O como Sanātana Gosvāmī, quien se presentó ante Śrī Caitanya Mahāprabhu diciendo: nīca jāti, nīca-saṅgī, patita adhama —«nacido en una familia baja, asociado con personas degradadas, caído y el más bajo de todos los hombres». La humildad genuina ante el Señor tiene un gran poder de evocar Su misericordia. Cuando Dabira Khāsa y Sākara Mallika, quienes más tarde se convirtieron en Rūpa Gosvāmī y Sanātana Gosvāmī, se acercaron al Señor con profunda humildad, el Señor los aceptó y les dijo: «Ahora, por favor, abandonad vuestra humildad, pues mi corazón no soporta veros tan humildes». En otras palabras, cuando el Señor ve la actitud humilde de Su devoto, se muestra muy dispuesto a ofrecerle toda Su ayuda. Un ejemplo perfecto es Prahlāda Mahārāja. Cuando Nṛsiṁhadeva estaba extremadamente iracundo tras matar a Hiraṇyakaśipu, Brahmā pidió a Prahlāda que se acercara al Señor para apaciguarlo. En el Śrīmad-Bhāgavatam se dice: Cuando el Señor Nṛsiṁhadeva vio al pequeño Prahlāda Mahārāja postrado ante las plantas de Sus pies de loto, sintió una enorme dicha y un profundo afecto hacia Su devoto. Levantando a Prahlāda, el Señor posó Su mano de loto sobre la cabeza del niño, pues Su mano está siempre dispuesta a infundir valentía y protección a todos Sus devotos. Como señaló Śrīla Prabhupāda en un capítulo anterior: «La cualidad más elevada del Señor Supremo es que Él es bhakta-vatsala; es decir, siempre se siente extremadamente complacido con Sus devotos». (Śrīmad-Bhāgavatam 7.2.7–8) Y cuando el Señor está complacido, naturalmente se siente inclinado a ofrecer toda la ayuda o el apoyo que un devoto pueda necesitar para continuar con su servicio devocional.