Markine bhagavata-dharma

Verso 2

আেছ িকছΦ কায়κҝ তব এই অনুমােন নেহ কҝােনা আিনেবন এই উς-Ѹােন (২)

āche kichu kārya tava ei anumāne nahe kena ānibena ei ugra-sthāne āche—hay; kichu—algo; kārya—que hacer (una misión); tava— Tuyo; ei—esto; anumāne—al parecer; nahe—si no fuera así; kena— por qué; ānibena—me traerías; ei—a este; ugra-sthāne—lugar terrible.

Supongo que tienes aquí una misión para mí. De lo contrario, ¿por qué habrías de traerme a este lugar tan terrible?

Todo lo que hace Kṛṣṇa tiene un propósito. Cuando Sus disposiciones intervienen en la vida de un devoto, ya sea de manera favorable o desfavorable, un alma plenamente entregada sabe que detrás de ello hay un motivo. Por eso, un devoto entrega su destino a las manos del Señor. Incluso las circunstancias diİciles no le parecen carentes de sentido: o bien son merecidas, o bien cumplen un propósito mayor, aunque tal vez aún oculto. Sobre este tema, Prabhupāda dijo en una conferencia en el año 1975: «Kṛṣṇa dijo al rey Yudhiṣṭhira: ‘Mi devoto no se deja perturbar por ninguna circunstancia adversa, sino que permanece siempre firme y constante. Por ello, Yo Me conİo a él y le concedo todas las bendiciones, para que pueda alcanzar el éxito supremo de la vida’. La gracia que el Señor Supremo otorga a un devoto a quien ha puesto a prueba se describe como brahma, lo cual significa que su magnitud sólo puede compararse con la inmensidad omnipresente del Brahman.

Brahma es aquello cuya grandeza y expansión no conocen límites. Esta gracia también se denomina paramam, es decir, suprema, pues no tiene igual en este mundo. Al mismo tiempo, se la llama sūkṣmam, muy sutil. Así, la misericordia del Señor hacia un devoto que ha sido probado no sólo es excelsa y de alcance ilimitado, sino también expresión de la más fina y delicada cualidad del amor trascendental entre el Señor y Su siervo.» Esa misma confianza se refleja en la oración de Prabhupāda. Él está firmemente convencido de que Kṛṣṇa tiene un plan y está dispuesto a someterse a ese plan, aunque las circunstancias parezcan de todo menos favorables. Boston, una ơpica ciudad estadounidense, superaba con creces a cualquier ciudad india desde un punto de vista material. Su horizonte urbano era imponente, sus residencias lujosas. Sin embargo, Prabhupāda veía esta ciudad como un lugar terrible —ugra-sthāne. No se dejaba deslumbrar por el brillo exterior del estilo de vida americano. Más bien, reconocía en ello la eficacia de la energía ilusoria, que hace creer a las personas que llevan una vida llena de placeres: el llamado «sueño americano». Gracias a su visión espiritual, Prabhupāda atravesaba ese velo de ilusión y percibía la cruda realidad: estas almas condicionadas, inconscientes de su verdadera existencia, vivían en realidad una pesadilla. La razón por la que consideraba este mundo, aparentemente idílico, como algo espantoso y repulsivo se hace evidente en el siguiente verso.