Markine bhagavata-dharma

Verso 3

রজস তেমা ვেণ এরা সবাই আИт বাসুেদব-কথা ჈িচ নেহ েস ϕসт (৩)

rajas tamo gune erā sabāi ācchanna vāsudeva-kathā ruci nahe se prasanna rajaḥ—la cualidad de la pasión; tamaḥ—la cualidad de la ignorancia; guṇe—por las cualidades (de la naturaleza material); erā—ellos; sabāi—todos; ācchanna—cubiertos; vāsudeva-kathā—los temas sobre Vāsudeva (Kṛṣṇa, el hijo de Vasudeva); ruci—gusto,

inclinación;
nahe—no
hay;
se—ellos;
prasanna—felices
y
satisfechos.

La mayor parte de la población vive bajo la influencia de la pasión y la ignorancia. Satisfechos con su vida material, no sienten ningún gusto por las palabras sobre Vāsudeva. ¿Cómo podrían llegar a comprender algún día este mensaje?

Cuando predominan rajas (la pasión) y tamas (la ignorancia), las personas se ven impulsadas por el deseo y envueltas en la oscuridad; cualquier comprensión del ámbito espiritual queda fuera de su alcance. Ni siquiera sienten la necesidad de adquirir conocimiento espiritual. Simplemente, no les interesa. Bajo la influencia de estas modalidades de la naturaleza material, su conciencia queda totalmente absorta por la mundanidad, y su único objetivo en la vida consiste en acumular objetos para la satisfacción de sus sentidos y disfrutar de ellos en la mayor medida posible. Un alma autorrealizada como Śrīla Prabhupāda puede reconocer, simplemente observando el comportamiento de las personas y el entorno que ellas mismas han creado, el nivel de conciencia en el que se encuentran. A Prabhupāda le bastó una mirada fugaz a los habitantes de Boston, con sus bulliciosas calles comerciales y sus automóviles desproporcionadamente grandes, para darse cuenta de lo difícil que sería transmitir a unas personas orgullosas de su progreso material la necesidad de la conciencia de Kṛṣṇa. Como dice la reina Kuntī en sus oraciones (Śrīmad-Bhāgavatam 1.8.26): edhamāna-madaḥ pumān naivārhaty abhidhātuṁ vaiṣṇava. «Una persona que busca el progreso material mediante un linaje noble, riquezas, alta educación o belleza física no puede acercarse al Señor con sinceridad». En su comentario a este verso, Prabhupāda explica que el progreso material conduce al orgullo, y que la persona se embriaga con sus posesiones. Como resultado, no es capaz de acercarse al Señor con un sentimiento sincero, pues su plena satisfacción con sus condiciones materiales le impide cultivar la humildad. Ante esta situación, Prabhupāda se dirige al Señor en su oración y expresa su preocupación: «La gente no encontrará ningún gusto por el mensaje trascendental de Vāsudeva. No sé cómo podrían llegar a comprenderlo algún día». Nuestros gustos determinan en gran medida nuestras acciones. Hacemos aquello que nos agrada y evitamos lo que nos desagrada, muchas veces sin considerar si es bueno o malo para nosotros. Por eso Ṛṣabhadeva dice a sus hijos (Śrīmad-Bhāgavatam 5.5.4): nūnaṁ pramattaḥ kurute vikarma yad indriya-prītaya āpṛṇoti. «Cuando una persona convierte la satisfacción de los sentidos en la meta de su vida, inevitablemente se deja arrastrar por el deseo material y se enreda en toda clase de actividades pecaminosas». Muchas personas no dudan en actuar de forma pecaminosa mientras tales acciones les sigan proporcionando el efímero y dulce sabor de los placeres sensuales. En una sociedad así, un predicador de la conciencia de Kṛṣṇa se enfrenta a una tarea que parece imposible de resolver. Como dijo Prabhupāda en una conferencia que ofreció en 1974 en Bombay: Cuando fui a América, viajé en barco. Atracamos en el Commonwealth Pier, en Boston. Pensaba: si digo «nada de sexo ilícito, nada de consumo de carne, nada de drogas y nada de juegos de azar», la gente de inmediato dirá: «Vuelve a tu país». (Risas) Sí, esa es la situación. Esa es su vida diaria. Son hábitos cotidianos en Occidente. Y si alguien intenta que abandonen esas cosas, piensan: «Este hombre está loco». Un año después, el 2 de marzo de 1975, en el día del advenimiento de su maestro espiritual, Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī Ṭhākura, Prabhupāda volvió a hablar sobre la primera impresión que tuvo de América: Cuando tenía setenta años, decidí: «Ahora debo cumplir la misión de mi Guru Mahārāja». Así comenzó este movimiento en 1965, en Nueva York. No estaba muy seguro de mí mismo, pues era una tarea muy difícil: mi propuesta iba completamente en contra de la cultura occidental. Cuando llegué a América, no tenía dinero. Una compañía naviera india me concedió un pasaje gratuito. Así fue como viajé en barco. Cuando estaba en el puerto de Boston, en el Commonwealth Pier, a bordo del barco, pensé: «Ahora estoy aquí, pero no sé bien cuál es el propósito, porque ¿cómo van a aceptar estas personas este movimiento? Han sido educadas de un modo muy diferente, y en cuanto les diga: 'Debéis abandonar el consumo de carne, el sexo ilícito, las drogas y el juego', inmediatamente me dirán: 'Vuelve a tu país'». (Risas)

Pues esa ya había sido la experiencia de uno de mis hermanos espirituales. Él fue a Londres y tuvo la oportunidad de hablar con un hombre importante: el Marqués de Zetland. Este marqués había sido gobernador de Bengala. Yo era estudiante en aquella época. Él era escocés y visitó nuestro colegio, el Scottish Churches' College. Recuerdo que se situó justo frente a mí en la segunda fila. Era un caballero muy amable y cortés. Preguntó a mi hermano espiritual: «¿Podría usted convertirme en un brāhmaṇa?» Mi hermano espiritual respondió: «Sí, podemos convertir a cualquiera en brāhmaṇa, siempre que acepte estos principios: nada de sexo ilícito, nada de consumo de carne, nada de drogas y nada de juegos de azar». Entonces el Marqués de Zetland respondió de inmediato: «Imposible». (Risas) Así que pensé: «Parece que voy a proponer algo imposible. Pero bueno… lo intentaré». Y Prabhupāda lo intentó, no entre personas de alta educación, como los condes y condesas de Inglaterra, sino entre los que, aparentemente, eran los candidatos menos adecuados: los hippies, que promovían el sexo libre y el consumo de drogas. Por eso, aunque en este verso Prabhupāda expresa su duda: «No sé cómo podrán comprender este mensaje»? Al mismo tiempo mantenía una firme confianza en que, mediante la misericordia sin causa de Kṛṣṇa, incluso lo imposible puede volverse posible, y que la palabra «imposible» sólo existe en el diccionario de un necio. En una entrevista realizada en 1976 en Toronto, un periodista le preguntó qué impresión tuvo de la sociedad norteamericana al llegar y si en aquel entonces pensaba que las personas allí eran receptivas al mensaje de la conciencia de Kṛṣṇa. Prabhupāda respondió: No, no tenía grandes esperanzas. Eso también lo escribí en un poema: «Kṛṣṇa, ¿por qué me has traído a este país? ¿Qué se supone que debo hacer aquí? ¿Cómo voy a convencer a estas personas? ¿Cómo van a entender esta filosofía? Pero, ya que Tú me has traído, debe haber un propósito. Muy bien, déjame entonces danzar como Tú quieras». Ese poema lo escribí en Boston, en el muelle Commonwealth. Llegué en barco y allí escribí: «No sé por qué estoy aquí. ¿Por qué Kṛṣṇa me ha traído a este lugar? Tan pronto como diga: nada de sexo ilícito, nada de carne, nada de bebidas alcohólicas, nada de juegos de azar, me dirán: 'Vete a casa, cállate'». Eso lo tenía muy claro. Aun así, lo intenté. Pero estos chicos y chicas lo aceptaron amablemente.

Nunca hice concesiones. Les dije con claridad: «Estas son las condiciones básicas para volverse consciente de Kṛṣṇa: nada de sexo ilícito, nada de carne, nada de drogas, nada de juegos de azar. ¿Estáis de acuerdo?» Y ellos respondieron: «Sí». Entonces dije: «Muy bien, venid». Pude haber hecho concesiones —decirles: «Sí, haced lo que queráis»—, pero nunca lo hice. Algunos se fueron diciendo: «Esto es demasiado difícil. Aquí nos privan de las cosas más básicas de la vida». (Se ríe) Pero estos jóvenes lo aceptaron todo, y por eso el movimiento sigue adelante. Son jóvenes, sienten el deseo de disfrutar materialmente, pero lo han sacrificado todo. La confianza de un devoto puro en la misericordia inconcebible y en el poder transformador de Śrī Caitanya, mediante los cuales incluso lo que parece imposible puede hacerse realidad, se manifiesta en el siguiente verso.