Introspección — La vida a la sombra del tiempo

El océano del olvido

(basada en la canción Anādi karama phale de Bhaktivinoda Ṭhākura)

El fruto de mis actos más allá del pasado
me ha lanzado al océano del olvido.
Día y noche mi corazón está en llamas
en el fuego venenoso de ansias insanas.
Mi mente agitada no logra encontrar
ni alivio, ni paz, ni verdadero bienestar.

Mis cientos de planes para lograr felicidad, acabaron en fracaso y aguda ansiedad. La marea mundana me arrastra y tira, ladronas como la lujuria, la codicia y la ira, envidia, ilusión y locura van sembrando, La vida se esfuma, el temor sigue creciendo.

Caído en el vasto océano del olvido,
Perdido en las olas que surgen del pasado.
Día y noche mi corazón está en llamas,
en el fuego venenoso de ansias insanas.

Jñāna y karma, estos bandidos me engañaron y luego al océano del pesar me arrojaron. Oh Kṛṣṇa, mar de merced, mi amigo más fiel, no tengo fuerzas para escapar de este aprieto cruel, Te ruego y espero Tu mano invencible, que me saque y me salve de este tormento terrible.

Caído en el vasto océano del olvido,
Perdido en las olas que surgen del pasado.
Día y noche mi corazón está en llamas,
en el fuego venenoso de ansias insanas.

Ubica esta alma caída a Tus pies de loto, como una mota de polvo, bríndame refugio. Bhaktivinoda declara: Soy Tu servidor eterno, pero Māyā me hechizó, y en su regazo ahora duermo. De alguna manera, Te olvidé, oh Señor, Levántame, por favor, y mantenme en de Tu corazón. Levántame, por favor, y mantenme en de Tu corazón.

Comentario

El océano del olvido (Anādi-karma-phale) está inspirado en el Verso 5 de las Oraciones Śikṣāṣṭaka, donde Śrī Caitanya Mahāprabhu suplica a Kṛṣṇa, el hijo de Nanda, que lo rescate del océano del nacimiento y la muerte, colocándolo como una partícula de polvo a Sus pies de loto. Bhaktivinoda Ṭhākura desarrolla este tema en cuatro estrofas, enfocándose en el encarcelamiento del alma en la existencia material y en la necesidad de la intervención divina del Señor Supremo para alcanzar la liberación.

Sufrimiento autoimpuesto

La primera estrofa describe la precaria posición de la entidad viviente tras haber caído en el vasto océano de la existencia material. Bhaktivinoda Ṭhākura reconoce que la causa no es una fuerza externa, sino sus propias acciones, lo que Prabhupāda denomina «el mal uso de nuestra independencia». Bhaktivinoda Ṭhākura utiliza la expresión anādi-karma-phale, que significa «el fruto (phala) o resultado de una acción (karma) que ocurrió antes del comienzo del tiempo (anādi)». Por lo tanto, es imposible rastrear el origen de cuándo el alma comenzó a habitar un cuerpo material. Dado que no se puede identificar el inicio de esta condición, la entidad viviente en el mundo material es conocida como nityabaddha (eternamente condicionada), en contraste con los nityasiddhas, las almas eternamente perfectas y liberadas que residen en el mundo espiritual. Bhaktivinoda Ṭhākura describe la situación del jīva en el océano de la existencia material de manera profundamente expresiva: « El fruto de mis actos más allá del pasado me ha lanzado al océano del olvido. Día y noche mi corazón está en llamas en el fuego venenoso de deseos insanos. Mi mente agitada no puede encontrar alivio, paz y verdadera felicidad.d». La metáfora de un fuego venenoso de locura sensorial puede parecer exagerada, pero no lo es. Kṛṣṇa le dice a Arjuna en la Bhagavad-gītā (3.39): Así, la conciencia pura de la entidad viviente sabia se ve cubierta por su enemiga eterna en forma de lujuria, que nunca se satisface y que arde como el fuego. El fuego es insaciable por naturaleza. No importa cuánto combustible reciba, siempre querrá más y más. Y cuanto más se le suministre, más altas serán las llamas. Nuestros sentidos tienen la misma tendencia. No importa cuánto alimento, bebida, sexo u otros placeres se les otorguen, siempre demandan más. Debido a las limitaciones naturales del cuerpo físico, se alcanza un punto de saciedad tras un corto tiempo, pero, después de un período de regeneración, las demandas sensoriales vuelven a despertar, a menudo con mayor intensidad. No obstante, a pesar de esta experiencia, las almas condicionadas intentamos repetidamente alcanzar la felicidad y la satisfacción complaciendo a los sentidos, incluida la mente. El resultado final, sin excepción, es siempre saturación y frustración. Bhaktivinoda Ṭhākura lo expresa claramente en esta canción: «Mis cientos de planes para hallar la felicidad acabaron en sufrimiento y en aguda ansiedad».

Los seis enemigos y el temor

A continuación, enumera los seis enemigos principales que atormentan al alma condicionada: el deseo, la ira, la avaricia, la ilusión, la locura y la envidia (kāma, krodha, lobha, moha, mada, mātsarya). Cuando alguien sucumbe a una o varias de estas tendencias, el temor (bhaya) surge inevitablemente. El temor, junto con el comer, dormir y aparearse, es uno de los cuatro aspectos fundamentales de la existencia material, lo que evidencia su ineludible presencia. Todos los seres vivos en este

mundo impermanente experimentan una ansiedad constante, ya que la amenaza de perder posesiones, relaciones o incluso el propio cuerpo persiste continuamente en sus vidas. El apego a las relaciones corporales—como la familia, los amigos, la riqueza y la posición social—intensifica las perturbaciones mentales. Estos apegos nublan la claridad espiritual y generan ansiedad ante los posibles resultados, pues las personas se aferran a aspectos frágiles de la vida, temiendo constantemente la posibilidad de perderlos. En contraste, el servicio devocional puro al Señor Supremo disipa estos miedos. Como explica Śrīla Jīva Gosvāmī, el bhakti-yoga posee un poder extraordinario. Incluso en las etapas iniciales del sādhanabhakti—cuando la devoción se cultiva mediante disciplina y prácticas reguladas—el practicante puede experimentar un estado de ausencia de temor como un regalo divino del Señor. Este primer destello de temor reducido fortalece la determinación del devoto y debilita el apego a lo temporal. A medida que la devoción madura, el Señor Supremo se revela más plenamente, profundizando la experiencia de seguridad y paz del devoto. En este estado avanzado, el devoto alcanza un punto de completa ausencia de temor, residiendo en el plano eterno e inalterado de Vaikuṇṭha, libre de ansiedad e inseguridad.

El engaño del karma y el jñāna

En la tercera estrofa, Bhaktivinoda Ṭhākura habla de dos caminos que las personas de este mundo generalmente siguen para alcanzar el éxito y la satisfacción: karma y jñāna (la acción fruitiva y el cultivo del conocimiento). La gran mayoría de los seres humanos simplemente persiguen los frutos del karma. Por lo tanto, karma se traduce como «actividades fruitiva». Como el término implica, la mayoría de las personas trabajan para obtener un fruto que puedan disfrutar. En el pasado, estos frutos eran bienes agrícolas en forma de granos, vegetales y frutas, o productos naturales como fibras, madera, metales o joyas. Hoy en día, el fruto más común es el dinero, que permite a su propietario comprar diversos productos que proporcionan sensaciones placenteras a los sentidos. El jñāna, la búsqueda del conocimiento, opera en un nivel más sutil, pero el objetivo final es el mismo: obtener un fruto que sea deleitable. Bhaktivinoda Ṭhākura compara estos dos modos de vida con ladrones que engañan a la entidad viviente y finalmente la arrojan a un océano de miseria. El significado de este símil es que tanto el karma como el jñāna prometen felicidad pero no la cumplen. Debido a que la entidad viviente es un ser espiritual, ninguna cantidad de placer material producido por el trabajo fruitivo o la acumulación de conocimiento material puede satisfacer su sed de felicidad. En otra canción de este ciclo, El burro erudito, también compuesta por Bhaktivinoda Ṭhākura, se describe con más detalle la naturaleza engañosa del conocimiento mundano.

El refugio supremo

Para concluir su canción, Bhaktivinoda Ṭhākura suplica al Señor que lo libere de su difícil situación y le conceda refugio a Sus pies de loto. En otras palabras, estar fijo a los pies de loto del Señor, incluso como una diminuta partícula de polvo, es más deseable y valioso—y, además, más satisfactorio—que cualquier cantidad de placer burdo o sutil en el mundo material. Una vez más, los pies de loto del Señor son mencionados como el único refugio. Para ilustrar esta idea, citamos un verso del Décimo Canto del Śrīmad-Bhāgavatam (10.2.30), en el que los semidioses oran al Señor Kṛṣṇa en el vientre, alabando Sus pies de loto: ¡Oh, Señor de ojos de loto!, quien se concentra en meditar en Tus pies de loto, que son el manantial de toda existencia, y los acepta

como el barco en que cruzar el océano de la nesciencia, sigue los pasos de los mahājanas [grandes santos, sabios y devotos]. Con ese sencillo proceso, cruzar El océano del olvido resulta tan fácil como pasar sobre la huella de la pezuña de un ternero. Śrīla Prabhupāda comenta sobre este verso como sigue: La verdadera misión de la vida es cruzar el océano de la nesciencia, de sucesivos nacimientos y muertes. Sin embargo, quienes se hallan bajo la oscuridad de la ignorancia no conocen esa misión y, arrastrados por las olas de la naturaleza material (prakṛteḥ kriyamāṇāni guṇaiḥ karmāṇi sarvaśaḥ), sufren las penalidades de mṛtyu-saṁsāra-vartmani, el ciclo de nacimientos y muertes. Pero las personas que han adquirido conocimiento gracias a la relación con devotos, siguen a los mahājanas (mahat-kṛtena). Esa clase de personas siempre concentran su mente en los pies de loto del Señor y practican una o varias de las nueve formas de servicio devocional (śravaṇaṁ kīrtanaṁ viṣṇoḥ smaraṇaṁ pādasevanam). Ese sencillo proceso es suficiente para cruzar el insuperable océano de nesciencia.

La canción original

Anādi karama-phale

Bhaktivinoda Ṭhākura

anādi' karama-phale, pari' bhavārṇara jale, taribāre nā dekhi upāya ei viṣaya-halāhale, divā-niśi hiyā jvale, mana kabhu sukha nāhi pāya anādi’—sin principio (desde tiempo inmemorial); karama—actividades; phale— fruitivas; pari’—he caído en; bhava—de nacimiento y muerte; arṇava—del océano;

jale—las aguas; taribāre—de la liberación; nā—no; dekhi—ya veo; upāya—significa; ei—de estos; viṣaya—actos de complacencia de los sentidos; halāhale—veneno; divā—día; niśi—noche; hiyā—mi corazón; jvale—arde; mana—mi mente; kabhu— en cualquier momento; sukha—felicidad; nāhi—no; pāya—alcanza. Debido a mis actividades fruitivas pasadas, he caído en este gran océano de nesciencia, y no encuentro ninguna forma de salir. Mi corazón arde día y noche debido al veneno de los actos para la complacencia de los sentidos, y como resultado mi mente no siente felicidad alguna.

āśā-pāśa-śata-śata, kleśa deya avirata, pravṛtti-ūrmira tāhe khelā kāma-krodha-ādi chaya, bāṭapāḍe deya bhaya, avasāna haila āsi' belā āśā—planes para felicidad; pāśa—cuerdas; śata-śata—cientos y miles; kleśa— dolor; deya—dando; avirata—constantemente; pravṛtti—materialismo; ūrmira— las olas; tāhe—en ese (océano de ignorancia); khelā—pasatiempos; kāma—lujuria; krodha—ira; ādi—y así sucesivamente; chaya—seis; bāṭapāḍe—ladrones y pícaros deya—dando; bhaya—temor; avasāna—final de (de mi vida); hoilo—es; āsi’—que viene; belā—pronto. Siempre estoy haciendo cientos y miles de planes para ser feliz, pero todos esos planes me causan dolor las veinticuatro horas del día. De hecho, estoy siendo sacudido una y otra vez por las olas del océano del materialismo. Además, hay muchos ladrones y engañadores, entre los cuales seis son prominentes: lujuria, ira, codicia, envidia, ilusión y locura. Todos ellos me causan gran temor, y así mi vida está llegando a su fin.

jnāna-karma-ṭhaga dui, more pratārīya laya, avaśeṣe phele sindhu-jale e hena samaye, bandhu, tumi kṛṣṇa kṛpā-sindhu, kṛpā kari' tolo more bale jnāna—especulación mental; karma—actividades fruitivas; ṭhaga—engañadores o matones; dui—dos; more—a mí; pratārīya—engañosos; laya—están tomando; avaśeṣe—finalmente; phele—lanzando; sindhu-jale—al océano de la miseria; e— este; hena—como; samaye—tiempo; bandhu—amigo; tumi—Tú; kṛṣṇa—oh, Kṛṣṇa; kṛpā—de misericordia; sindhu—océano; kṛpā—misericordia; kari’—habiendo mostrado; tolo—recoge; more—a mí; bale—por Tu fuerza.

Los dos bandidos, el de la especulación mental y el de la actividad fruitiva, me han engañado, me han confundido, y finalmente me han arrojado al océano de la miseria. Dadas las circunstancias, mi querido Kṛṣṇa, ¡oh, océano de misericordia!, Tú eres mi único amigo. No tengo fuerzas para salir de este océano de nesciencia, así que Te ruego a Tus pies de loto, que seas amable y que con Tu fuerza me levantes de este océano de sufrimiento.

patita-kiṅkare dhari', pāda-padma-dhuli kari', deha bhaktivinoda āśraya āmi tava nitya-dāsa, bhuliyā māyāra pāśa, baddha ha'ye āchi dayāmaya patita—caído; kiṅkare—sirviente; dhari’—habiendo sostenido; pāda—pies; padma—loto; dhuli—partícula de polvo; kari’—habiendo fijado; deho—dar; bhaktivinoda—Bhaktivinoda; āśraya—refugio; āmi—yo soy; tava—Tu; nitya— eterno; dāsa—sirviente; bhuliyā—habiendo olvidado; māyāra—de māyā; pāśa— red; baddha—atado; ho’ye—siendo; āchi—yo soy; dayāmaya—amablemente sálvame. Amablemente, levanta a este caído siervo Tuyo y ocúpame como una de las partículas de polvo a Tus pies de loto. Por favor, dale el refugio de Tus pies de loto a este Bhaktivinoda. Yo soy Tu sirviente eterno, pero de alguna manera Te he olvidado, y ahora he caído en esta compleja red de māyā. Por favor, se benévolo y sálvame.