(basada en la canción Bhuliyā tomāre de Bhaktivinoda Ṭhākura)
Te olvidé, oh Señor,
y caí en un reino de dolor.
Me postro ante Tus pies de loto,
y revelo mi historia de sufrimiento.
Dentro del vientre de mi madre,
velado por el olvido,
Tu visión iluminó mis ojos,
mas pronto Te habías ido—
dejando a este siervo atrás.
Al nacer prometí adorarte,
pero al caer el velo de Māyā,
las ilusiones de este mundo pasajero
desvanecieron mi promesa temprana.
Te olvidé, oh Señor,
y caí en un reino de dolor.
Me postro ante Tus pies de loto,
y revelo mi historia de sufrimiento.
Como un niño amado, sonreía y reía,
abrazado por mis seres queridos.
Así, Te olvidaba cada vez más,
y al mundo vi como un paraíso.
5a
Día tras día crecía, rodeado de amigos,
en juegos alegría sentía.
5b
Pronto mí inteligencia despertó,
y en los estudios me perdí.
6a
De lugar en lugar viajaba,
en mantener a mi familia pensaba.
6b
Orgulloso de mi saber y riqueza ganada,
te olvidé, ¡oh Hari!
Te olvidé, oh Señor,
y caí en un reino de dolor.
Me postro ante Tus pies de loto,
y revelo mi historia de sufrimiento.
Ahora, en la vejez,
con tristeza en el corazón,
lloro en soledad, cargado de aflicción.
La muerte se asoma en las sombras,
Oh Señor, descuidé adorarte,
he vivido mis días en vano.
¿Qué será de mí ahora?
Comentario
El olvido de nuestra identidad como sirvientes de Kṛṣṇa y de la relación espiritual eterna que tenemos con Él es la causa del cautiverio material. Este estado implica estar atrapado en diferentes cuerpos materiales—como humanos, animales, semidioses, entre otros. Por ello, Bhaktivinoda Ṭhākura canta: bhuliyā tomāre, saṁsāre āsiyā. «Olvidándote, he venido al mundo de saṁsāra y he entrado en el ciclo de repetidos nacimientos y muertes». Esta canción pertenece al Śaraṇāgati, un cancionero publicado en 1893 que describe el proceso de entrega espiritual.
Kṛṣṇa como liberador
En la Bhagavad-gītā (12.7), Kṛṣṇa se describe a sí mismo como el samuddhartā mṛtyu-saṁsāra-sāgarāt, el liberador del océano de nacimiento y muerte para aquellos que se entregan a Él. La entrega es, por lo tanto, la clave para alcanzar la liberación. Por eso, Kṛṣṇa concluye Sus instrucciones en la Bhagavad-gītā (18.66) con un llamado a rendirse, prometiendo proteger al alma rendida de todas las reacciones pecaminosas. Sin embargo, como señala Śrīla Prabhupāda, Kṛṣṇa no explicó cómo rendirse. Debido a que la mayoría de las personas no eran capaces de hacerlo, Él vino nuevamente, esta vez como un devoto— Śrī Caitanya Mahāprabhu—para detallar el proceso de rendición, instruyendo a uno de Sus principales discípulos, Sanātana Gosvāmī.
Comprendiendo la posición del jīva
Cuando Sanātana Gosvāmī se acercó a Śrī Caitanya Mahāprabhu, planteó dos preguntas fundamentales: «¿Quién soy yo?» y «¿Por qué sufro las tres miserias?» Śrī Caitanya Mahāprabhu comenzó Su explicación estableciendo primero la posición constitucional del jīva como sirviente eterno de Kṛṣṇa.
La entidad viviente es la energía marginal de Kṛṣṇa, simultáneamente una con el Señor y distinta de Él, como una partícula molecular de la luz del Sol o del fuego. Por naturaleza, el jīva depende de su fuente, lo que implica una inclinación natural al servicio dentro de una relación personal. El jīva sufre las tres miserias de la existencia material debido a la influencia de la potencia de avidyā (ignorancia), que cubre su identidad constitucional. A continuación, Śrī Caitanya Mahāprabhu señaló la causa raíz de la condición sufriente del jīva: kṛṣṇa bhuli’, el olvido de Kṛṣṇa (Cc. Madhya 20.117):
Al olvidar a Kṛṣṇa, la entidad viviente ha sido atraído por la manifestación externa desde tiempos inmemoriales. Por lo tanto, la energía ilusoria (māyā) le causa todo tipo de sufrimiento en su existencia material (saṁsāra-duḥkha).
La promesa olvidada
Te olvidé (Bhuliyā tomāre) aborda este tema en profundidad. Bhaktivinoda Ṭhākura comienza su canción describiendo la situación del embrión en el vientre, una condición de sufrimiento que no solo experimentan los seres humanos, sino también otros seres vivos, incluidos pájaros e insectos confinados en huevos. Estar atrapado en un espacio reducido—ya sea un vientre o un huevo—por un período prolongado resulta extremadamente incómodo. Sin embargo, solo el ser humano tiene la capacidad de volverse consciente de su lamentable situación y buscar una solución. Como explica Kṛṣṇa en la Bhagavad-gītā (7.14), la solución es rendirse a Él, quien es el controlador de la energía ilusoria, māyā: Esta energía divina Mía, consistente en las tres modalidades de la naturaleza material, es difícil de superar. Pero aquellos que se rinden a Mí pueden cruzarla fácilmente.
Śrī Caitanya Mahāprabhu explica a Sanātana Gosvāmī que el proceso de entrega consta de seis pasos: (1) aceptar las cosas favorables para el servicio devocional, (2) rechazar las cosas desfavorables, (3) tener la convicción de que Kṛṣṇa otorgará protección, (4) aceptar al Señor como guardián o maestro, (5) rendirse completamente a Él y (6) ser humilde.
Humildad vs. orgullo
Es importante señalar que estos pasos no son necesariamente secuenciales ni deben realizarse uno tras otro, como se evidencia en la estructura del cancionero de Bhaktivinoda Ṭhākura. En sus 31 canciones dedicadas a ilustrar el proceso de entrega, las primeras siete se centran en dainya (humildad), que figura al final de la lista presentada por Śrī Caitanya Mahāprabhu. Cabe preguntarse: ¿por qué iniciar con dainya? La respuesta podría ser que, sin al menos una mínima humildad, uno ni siquiera consideraría comenzar el proceso de entrega. Una persona orgullosa no solo se burla de la idea de ser humilde, sino que además percibe la humildad como un signo de debilidad. De hecho, para esa persona, el orgullo puede parecer una virtud. Hay numerosos ejemplos históricos, como la Revolución Francesa, la Revolución Americana y el Movimiento de Independencia de la India, en los que líderes políticos apelaron al orgullo nacional, arraigado en una identidad cultural e histórica compartida, para movilizar apoyo masivo a sus causas, elevando el orgullo nacional a un objetivo deseable para toda la nación. Sin embargo, como señala Kṛṣṇa en la Bhagavad-gītā (16.4), el orgullo, la arrogancia y la vanidad son características de una mentalidad no devocional que deben ser controladas. En contraste, la humildad se exalta como una virtud fundamental, esencial para el proceso de entrega.
A través de sus canciones, Bhaktivinoda Ṭhākura ilustra la verdadera mentalidad de entrega. Su método consiste en hablar en primera persona, adoptando la perspectiva de un alma condicionada, para mostrarnos cómo acercarnos al Señor en un estado de genuina humildad.
El viaje típico de la vida
En la primera de las siete canciones, Bhuliyā tomāre, Bhaktivinoda Ṭhākura narra la historia de su vida, a la que describe como «un relato de aflicción» (duḥkhera kathā). Comienza declarando: Bhuliyā tomāre, saṁsāre āsiyā: «Oh Señor, habiéndote olvidado, he llegado a este mundo material». Estas palabras reflejan la explicación de Śrī Caitanya Mahāprabhu a Sanātana Gosvāmī sobre cómo el jīva llega al mundo material: kṛṣṇa bhuli’ sei jīva anādi-bahirmukha: «Olvidándose de Kṛṣṇa, la entidad viviente ha sido atraída por la energía externa desde tiempos inmemoriales». En las siguientes cinco estrofas, Bhaktivinoda Ṭhākura describe el curso típico de la vida de un ser humano en el mundo material. Su descripción de la posición del jīva en el vientre materno recuerda la explicación de Kapiladeva en el Tercer Canto del ŚrīmadBhāgavatam. En el Capítulo 31, Kapila explica a su madre, Devahūti, los movimientos de las entidades vivientes. El jīva está atrapado dentro del vientre, que se asemeja a una bolsa hermética donde apenas puede moverse. Poco antes de nacer, si un niño es afortunado, puede recordar todos los sufrimientos de sus cien nacimientos anteriores y reza al Señor Supremo para obtener alivio del miedo, prometiendo dedicarse a Su servicio devocional. Sin embargo, como describe Bhaktivinoda Ṭhākura, inmediatamente después de nacer, la conciencia del jīva queda cubierta por el velo de māyā, olvidando así todo, incluida su promesa.
Más tarde, rodeado de parientes afectuosos, el bebé olvida por completo los sufrimientos que experimentó en el vientre y durante el nacimiento. En los meses y años siguientes, colmado de afecto por su madre, padre y otros familiares, la entidad viviente cae cada vez más bajo el hechizo de la ilusión. Como dice Bhaktivinoda Ṭhākura en la Estrofa 4: «El mundo como un paraíso me pareció».
Las ilusiones del mundo
En las estrofas siguientes, Bhaktivinoda Ṭhākura describe el trayecto típico de la vida humana: desde la infancia con sus juegos, pasando por la juventud dedicada a los estudios, hasta la adultez enfocada en la obtención de riquezas y la formación de una familia, para finalmente llegar a la vejez. La vejez, presentada como el momento del balance final, trae consigo el lamento del autor por no haber adorado al Señor, habiendo dejado pasar sus días en vano. Sus palabras finales son ominosas y cargadas de incertidumbre: «¿Cuál será mi destino ahora?»
Un mensaje atemporal
Aunque esta canción fue compuesta hace casi 150 años, su mensaje sigue siendo tan relevante como siempre. Las circunstancias pueden cambiar con el tiempo, pero la naturaleza subyacente de la existencia material permanece igual, ya sea hace 150 años, hace 150.000 años o incluso millones de años. Las almas condicionadas siempre han enfrentado los mismos problemas. Prahlāda Mahārāja, quien vivió hace millones de años, ofreció una descripción similar a sus compañeros de escuela. Explicó que un ser humano vive un máximo de cien años, de los cuales la mitad se pierde durmiendo. Además, durante la infancia, marcada por la confusión, se pierden diez años más, y otros diez años se desperdician en la
niñez, inmersa en juegos y diversiones. Así, veinte años de la vida ya se han ido. En la vejez, cuando el cuepo está desgastado y atacado por enfermedades, incapaz de realizar incluso actividades simples, se pasan otros veinte años inútilmente. En los años restantes, uno se apega cada vez más a la vida familiar debido a deseos lujuriosos insaciables y fuertes ilusiones. De este modo, se pierde la valiosa oportunidad de autorrealización que ofrece la forma humana de vida. A lo largo del Śrīmad-Bhāgavatam, encontramos historias e instrucciones similares, ya que el olvido es un fenómeno recurrente, especialmente en la era de Kali. Por ello, escuchar regularmente temas espirituales y recordar constantemente el verdadero propósito de la vida es una práctica recomendada por todos los grandes maestros espirituales.
La canción original
Bhuliyā tomāre
Bhaktivinoda Ṭhākura
bhuliyā tomāre, saṁsāre āsiyā, peye nānā-vidha byathā tomāra caraṇe, āsiyāchi āmi, baliba duḥkhera kathā bhuliyā—olvidando; tomāre—a Ti; saṁsāre—este mundo material; āsiyā—habiendo venido; peye—experimentado; nānā—muchas; vidha—variedades; byathā—de sufrimiento; tomāra—Su; caraṇe—pies de loto; āsiyāchi—han llegado; āmi—yo; baliba—hablaré; duḥkhera—de la desgracia; kathā—mi historia. Oh, Señor, habiéndote olvidado, al venir a este mundo material he experimentado una gran cantidad de pecados y penas. Ahora me acerco a Tus pies de loto y presento mi historia de aflicción.
jananī jaṭhare, chilāma yakhana, viṣama bandhana-pāśe eka-bāra prabhu! dekhā diyā more, vañcile e dīna dāse jananī—de mi madre; jaṭhare—en el vientre; chilāma—estaba; yakhana—cuando; viṣama—doloroso; bandhana—en la envoltura; pāśe—atado; eka—un; bāra— momento; prabhu—oh, Señor; dekhā—una visión (de Ti); diyā—habiendo dado; more—a mí; vañcile—abandonado; e—este; dīna—pobre; dāse—sirviente. Mientras estaba atado fuertemente en los insoportables confines del vientre de mi madre, ¡oh, Señor!, una vez Te revelaste ante mí, pero después de aparecer fugazmente, abandonaste a Tu pobre sirviente. takhana bhāvinu, janama pāiyā, kariba bhajana tava janama hoila, pari' māyā-jāle, nā hoila jñāna-lava takhana—en ese momento; bhāvinu—pensé que; janama—nacimiento; pāiyā— después de lograr; kariba—voy a realizar; bhajana—adoración; tava—Tu; janama— nacimiento; hoila—habiendo logrado; pari’—me caí; māyā—de ilusión; jāle—en una red; nā—no; hoila—había; jñāna—de conocimiento; lava—una gota. En ese momento pensé, «esta vez después de mi nacimiento, ciertamente Te adoraré sin desviarme». Pero ¡ay de mí!, después de nacer caí en el enredo de ilusiones mundanas; por lo tanto, no poseo ni una gota de verdadero conocimiento. ādarera chele, sva-janera kole, hāsiyā kāṭānu kāla janaka jananī-snehete bhuliyā, saṁsāra lāgila bhāla ādarera—querido; chele—hijo; sva-janera—de los parientes; kole—en los brazos; hāsiyā—riendo; kāṭānu—gastado; kāla—mi tiempo; janaka—de mi padre; jananī— de mi madre; snehete—por el afecto; bhuliyā—olvidé (a Ti); saṁsāra—el mundo material; lāgila—parecía ser; bhāla—bueno. Como un hijo querido, acariciado en el regazo de familiares, pasé mi tiempo sonriendo y riendo. El afecto de mi padre y de mi madre me hizo olvidarte aún más, y comencé a pensar que el mundo material era un lugar muy agradable.
krame dina dina, bālaka hoiyā, bhelinu bālaka-saha āra kichu dine, jnāna upajila, pāṭha pari ahara-ahaḥ krame—gradualmente; dina dina—día a día; bālaka—un chico joven; hoiyā—me convertí; bhelinu—jugó; bālaka—otros chicos; saha—con; āra—más; kichu— (después) unos pocos; dine—días; jnāna—mi conocimiento; upajila—creció; pāṭha—lecciones escolares; pari—estudié; ahara-ahaḥ—cada día. Día a día, gradualmente me volví un niño y comencé a jugar con otros niños. Pronto surgieron mis poderes de comprensión.
vidyāra gaurave, bhrami' deśe deśe, dhana uparjana kari sva-jana pālana, kari eka-mane, bhulinu tomāre, hari! vidyāra—de mi educación; gaurave—orgullo; bhrami’—viajé; deśe deśe—de un lugar a otro; dhana—de salud; uparjana—la ganancia; kari—yo hice; sva-jana—de mi familia; pālana—el mantenimiento; kari—hice; eka—con un punto; mane— atención; bhulinu—olvidé; tomāre—Te; hari—oh, Hari. Posteriormente, orgulloso de mi exitosa educación, viajé de un lugar a otro y obtuve grandes riquezas. Así pues, centrando toda la atención en mantener a mi familia, yo Te olvidé, ¡oh, Hari!
bārdhakye ekhana, bhakativinoda, kāṅdiyā kātara ati nā bhajiyā tore, dina bṛthā gela, ekhana ki habe gati? bārdhakye—en la vejez; ekhana—ahora; bhakativinoda— Bhaktivinoda; kāṅdiyā— llora; kātara—en tristeza; ati—gran; nā—no; bhajiyā—he adorado; tore—Te; dina— dias; bṛthā—inútilmente; gela—han ido; ekhana—ahora; ki—cuál; habe—será; gati—mi destino. Ahora en la vejez, mientras se aproxima la muerte, este Bhaktivinoda llora con gran pesar. No he podido adorarte, oh, Señor, en vez de ello he pasado mis días en vano. ¿Cuál será ahora mi destino?