(basada en la canción Āmara jīvana de Bhaktivinoda Ṭhākura)
En una vida marcada por la maldad,
planto semillas que germinan en crueldad.
Provoco tormentos, siembro el espanto,
en el sufrir ajeno hallo mi encanto.
En una vida llevada sin piedad,
todo lo auspicioso pronto se va.
Ni compasión ni veracidad en mi hallarás, mi regla es: «¡Yo primero, los demás detrás!» Cuando veo a otros felices, siento decepción; si sufren, eso colma de gozo mi corazón.
En mi corazón infinitos deseos brotan, ira y mentira a mi alma la dominan. La ansia de placer me arrastra a la locura,
orgullo y malicia coronan mi frente dura.
En una vida marcada por la maldad,
planto semillas que germinan en crueldad.
Provoco tormentos, siembro el espanto,
en el sufrir ajeno hallo mi encanto.
En una vida llevada sin piedad,
todo lo auspicioso pronto se va.
La pereza y el sueño dominan mis días, evito lo bueno, lo malo me da alegrías. Busco estima y engaño con astucia maligna, lujuria y avaricia me arrastran con fuerza.
Desdichado como soy, a los devotos rehúyo, siempre ofensor, toda bondad destruyo. Pensamientos maliciosos inundan mi mente, y al final de mis días, la miseria se siente.
En una vida marcada por la maldad,
planto semillas que germinan en crueldad.
Provoco tormentos, siembro el espanto,
y en el sufrir ajeno hallo mi encanto.
En una vida llevada sin piedad,
todo lo auspicioso pronto se va.
Mientras la travesía de la vida llega a su fin, remordimiento y pena marcan mi confín. Ahora en la vejez, bajo mi frente con pesar, y obligado a ceder, mi orgullo debo dejar.
Bhaktivinoda, a los pies de loto del Señor, relata su tristeza, confesando su error. Humilde y sumiso, exclama: «Oh, Señor mío, Tu infinita misericordia es mi único alivio».
Comentario
Mi Vida (Āmāra jīvana) es la cuarta canción del libro Śaraṇāgati, de Bhaktivinoda Ṭhākura, incluida dentro de la sección Primer principio de la entrega—dainya (humildad). El autor, presentándose como un alma condicionada, reflexiona sobre su estilo de vida egocéntrico, y se acerca al Señor con una actitud humilde de remordimiento y entrega. Adoptar una actitud introspectiva y reconocer la propia condición caída constituye un paso crucial en el camino hacia la autorrealización. Sin comprender la naturaleza del falso ego y sin esforzarse por la purificación, el progreso en la vida espiritual resulta difícil de alcanzar.
El camino de la vida mundana
En el verso inicial, Bhaktivinoda Ṭhākura confiesa su vida pecaminosa (sadā pāpe rata), indicando que una persona, cegada por intensos deseos, puede actuar sin escrúpulos, incluso perjudicando a otros, para alcanzar sus objetivos. Esta mentalidad es condenada por Ṛṣabhadeva, quien, en el Śrīmad Bhāgavatam (5.5.4), advierte a sus hijos: Cuando una persona considera que la finalidad de la vida es complacer los sentidos, busca como un loco la vida materialista, y se ocupa en toda clase de actividades pecaminosas. Ignora que, a causa de sus pecados, ha recibido ya un cuerpo que, aunque temporal, es la causa de su sufrimiento. En realidad, la entidad viviente no debería tener un cuerpo material, pero se le ha concedido para que pueda complacer los sentidos. Por lo tanto, no me parece digno de una persona inteligente volverse a enredar en las actividades de complacencia sensorial, que son la causa de que reciba un cuerpo material tras otro, perpetuamente.
Envidia y Schadenfreude
A continuación, Bhaktivinoda Ṭhākura describe sentimientos muy típicos de las almas condicionadas: la envidia y la Schadenfreude (alegría por el sufrimiento ajeno). El término alemán Schadenfreude, adoptado en varios idiomas, refleja esta mentalidad. Este rasgo humano, común incluso entre los niños, se manifiesta como alegría al observar que otros sufren algún daño o enfrentan dificultades. Su opuesto, y la cualidad deseable en un devoto, es la compasión, que literalmente significa «sufrir juntos»: un sentimiento que emerge al presenciar el sufrimiento ajeno y desear aliviarlo. Un devoto debe aspirar a convertirse en para-duḥkha-duḥkhī kṛpāmbudhiḥ, un océano de compasión que se conmueve profundamente al presenciar el sufrimiento de los demás. El ejemplo por excelencia, citado frecuentemente por Śrīla Prabhupāda, es el de Prahlāda Māhārāja, quien oró a Nṛsiṁhadeva (Śrīmad Bhāgavatam 7.9.43): ¡Oh, joya entre las grandes personalidades!, no siento el menor temor de la existencia material, pues allí donde me encuentre estoy completamente absorto en pensar en Tus glorias y actividades. Mi única preocupación son los necios y sinvergüenzas que elaboran complicados planes para alcanzar la felicidad material y mantener a sus familias, sociedades y países. Me preocupan porque siento amor por ellos.
Las puertas hacia la degradación
En las estrofas siguientes, Bhaktivinoda Ṭhākura enumera una serie de cualidades indeseables propias de una persona materialista: deseos interminables de placer sensual, ira, engaño, malicia, falso orgullo, pereza, codicia, lujuria y anhelo de prestigio. Estos rasgos, considerados tendencias demoníacas, son de los que un devoto debe liberarse, especialmente de las tres puertas al infierno —lujuria, ira y codicia—, que llevan a la degradación del alma. En su comentario al verso de la Bhagavad-gītā (16.21), en el que Kṛṣṇa habla de estas cualidades, Prabhupāda señala: Un hombre cuerdo que no quiere deslizarse hacia las especies de vida demoníaca, debe tratar de abandonar esos tres enemigos, los cuales pueden matar el ser hasta tal punto, que no haya posibilidad de liberarse de este enredo material.
El punto de inflexión
Como en muchas otras canciones de esta colección, el autor llega a un punto crucial de reflexión. Al contemplar su situación, comprende que la raíz de su deplorable condición es la falta de compañía de personas santas (sādhu-saṅga). La importancia de la buena compañía no puede sobrestimarse. Cuando Śrī Caitanya Mahāprabhu instruyó a Sanātana Gosvāmī, le dijo que sādhu-saṅga era la raíz del servicio devocional (kṛṣṇa-bhakti-janma-mūla) y que incluso después de desarrollar kṛṣṇa-prema (amor puro por Dios), sādhu-saṅga seguía siendo esencial. Por esta razón, Śrīla Prabhupāda decía que fundó ISKCON para brindar a las personas la oportunidad de tener sādhusaṅga. Esto implica que al encontrarse con devotos tendrán la oportunidad de escuchar acerca de Kṛṣṇa, participar en el canto de los santos nombres y experimentar un sabor superior al tomar prasādam, alimentos espiritualizados.
Una oportunidad para la reflexión espiritual
En la última estrofa, Bhaktivinoda Ṭhākura vuelve a mencionar la vejez, señalando que esta lo obliga a volverse dócil y humilde, permitiéndole acercarse al Señor con una actitud de entrega. Desde una perspectiva material, la vejez es indeseable porque reduce la
capacidad de disfrute hasta destruirla por completo. Desde una perspectiva espiritual, la vejez es bienvenida porque elimina el disfrute sensual desenfrenado, un obstáculo que ata al jīva a este mundo. Con la disminución de la importancia de los aspectos externos de la vida, se abre la oportunidad de dedicar más tiempo a la introspección espiritual. En conclusión, el poema de Bhaktivinoda Ṭhākura muestra la transformación de una vida caracterizada por el pecado y el orgullo en una vida guiada por la humildad y la entrega. Reconocer la propia condición caída es el primer paso hacia un progreso espiritual auténtico, que culmina en refugiarse en los pies de loto del Señor.
La canción original
Āmāra jīvana
Bhaktivinoda Ṭhākura
āmāra jīvana, sadā pāpe rata, nāhika puṇyera leṣa parere udvega, diyāchi ye kata, diyāchi jīvere kleśa āmāra—mi; jīvana—vida; sadā—siempre; pāpe—en actividades pecaminosas; rata—ocupado; nāhika—no hay; puṇyera—de actividades piadosas; leṣa—un rastro; parere—a otros; udvega—ansiedad; diyāchi—estoy inclinado a dar; ye—quien; kata—gran; diyāchi—doy; jīvere—a las entidades vivientes; kleśa—sufrimiento. Mi vida está siempre dedicada a actividades pecaminosas; en mí no existe ni el más ligero rastro de actividades piadosas, y siempre estoy inclinado a causar gran ansiedad y dificultades a otras entidades vivientes. nija sukha lāgi', pāpe nāhi ḍari, dayā-hīna svārtha-para para-sukhe duḥkhī, sadā mithya-bhāṣī, para-duḥkha sukha-kara nija—mi propio; sukha—felicidad, placer; lāgi’—para; pāpe—en actividades pecaminosas; nāhi—no hay; ḍari—restricción; dayā—misericordia; hīna— desprovisto de; sva-artha—a mi interés personal; para—yo estoy dedicado; para— de otros; sukhe—en la felicidad; duḥkhī—soy infeliz; sadā—siempre; mithya—falso; bhāṣī—palabras; para—de otros; duḥkha—la miseria; sukha—mi felicidad; kara— hace. Para conseguir mi propio placer, no vacilo en cometer cualquier actividad pecaminosa; no soy nada misericordioso, y velo únicamente por mi interés personal. Cuando otros se sienten felices, yo me siento infeliz; siempre digo mentiras, y si otros sufren, eso me hace muy feliz. āśeṣa kāmanā, hṛdi mājhe mora, krodhī, dambha-parāyaṇa mada-matta sadā, viṣaye mohita, hiṁsā-garva vibhūṣaṇa āśeṣa—innumerables; kāmanā—deseos materiales; hṛdi—corazón; mājhe—en; mora—mi; krodhī—soy un iracundo; dambha—a la vanidad; parāyaṇa—dedicado; mada—enloquecido; matta—ebrio; sadā—siempre; viṣaye—en gratificación de los sentidos; mohita—cautivado; hiṁsā—malicia; garva—orgullo falso; vibhūṣaṇa— adornos. En mi corazón albergo muchos deseos materiales; siempre estoy enojado y arrogante. Me cautivan los temas que tratan de satisfacer los sentidos, y casi he enloquecido. Mis atavíos son la malicia y el falso orgullo. nidrālasya hata, sukārye virata, akārye udyogī āmi pratiṣṭha lāgiyā, śāṭhya-ācaraṇa, lobha-hata sadā kāmī nidra—por dormir; ālasya—por pereza; hata—atacado; sukārye—a actividades piadosas; virata—contrario; akārye—de actividades impías; udyogī—un artista; āmi—soy; pratiṣṭha—prestigio; lāgiyā—por el bien de; śāṭhya—engañando; ācaraṇa—comportamiento; lobha—por avaricia; hata—conquistado; sadā— siempre; kāmī—una persona lujuriosa.
El sueño y la pereza me conquistan; siempre soy reacio a las actividades piadosas; sin embargo, me entusiasman las actividades impías. Debido a mi falso prestigio siempre engaño a otros; la codicia me seduce, y la lujuria me domina. e hena durjana, saj-jana-varjita, aparādhi nirantara śubha-kārya-śūnya, sadānartha-manāḥ, nānā duḥkhe jara jara e—una; hena—tal; durjana—persona caída; saj-jana—con devotos del Señor; varjita—desprovisto de compañía; aparādhi—un ofensor; nirantara—siempre; śubha—propicio; kārya—actividad; śūnya—vacío; sadā—siempre; anartha— dañino; manāḥ—mente; nānā—toda clase de; duḥkhe—sufrimientos; jara jara—una edad muy avanzada. Estoy muy degradado; no tengo compañía alguna de devotos, y siempre cometo ofensas. No existe traza alguna de actividad auspiciosa en mi vida, y mi mente siempre se siente atraída por actividades maliciosas. Por lo tanto, al final de mi vida me he vuelto casi un inválido debido a todos esos sufrimientos. bārdhakye ekhana, upāya-vihīna, tā' te dīna akiñcana bhakativinoda, prabhura caraṇe, kare duḥkha nivedana bārdhakye—a una edad avanzada; ekhana—ahora; upāya—un medio alternativo; vihīna—sin; tā’ te—por lo tanto; dīna—humilde; akiñcana—pobre; bhakativinoda— Bhaktivinoda; prabhura—del Señor; caraṇe—los pies de loto; kare—hace; duḥkha— con tristeza; nivedana—ofrenda. Ahora, en mi vejez, sin alternativa alguna y a la fuerza, me he vuelto muy manso y humilde. Así pues, Bhaktivinoda ofrece esta triste declaración de las actividades de su vida a los pies de loto del Señor Supremo.