UNA SEMANA EXITOSO EN ESTOCOLMO
Prabhupāda tenía programada su visita a Suecia para la primera semana de septiembre de 1973. Ajita y Vegavān, junto con sus esposas, Kṛṣṇa-premī y Padmavatī, llevaban apenas medio año predicando en Estocolmo y sus alrededores, pero ya habían conocido a personas importantes, entre ellas el embajador de la India, un profesor de sánscrito y un psiquiatra. Además, Prabhupāda había sido invitado a hablar en la prestigiosa Universidad de Uppsala. Los devotos de Alemania debían traer su equipo de sonido y organizar varios festivales de Hare Kṛṣṇa, cada uno de ellos culminando en una conferencia. Prabhupāda llegó la mañana del 5 de septiembre. Como de costumbre, los devotos invitaron a los medios de comunicación y celebraron una rueda de prensa. Para la mayoría de los periodistas, este era su primer encuentro con la conciencia de Kṛṣṇa, y Prabhupāda trató de recalcarles la diferencia entre materia y espíritu: Damas y caballeros, muchas gracias por recibirme tan amablemente. Esta es la primera vez que vengo a este país, Suecia. El movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa se está extendiendo gradualmente por todo el mundo.
Es un poco difícil comprender este movimiento porque está completamente en la plataforma espiritual. En general, la gente no entiende qué es la plataforma espiritual. En la actualidad somos una combinación de espíritu y materia. La materia la podemos entender, pero debido a nuestro largo contacto con la materia, no podemos entender qué es el espíritu. Pero podemos imaginar que hay algo que distingue un cuerpo muerto de un cuerpo vivo». Prabhupāda dio el ejemplo de un padre que ha muerto: aunque yace en la cama, sus hijos lamentan: «Nuestro padre se ha ido», lo cual indica que perciben la diferencia entre el cadáver y la persona a la que conocían como su padre. Prabhupāda explicó: Así que eso es el espíritu. Aquel que se ha ido de ese cuerpo, ese es el alma espiritual; de lo contrario, ¿por qué dicen «nuestro padre se ha ido»? El cuerpo está ahí. Por lo tanto, primero debemos entender esta distinción entre el alma espiritual y el cuerpo material. Si podemos comprender el alma espiritual, entonces podremos entender este movimiento espiritual; de lo contrario, simplemente sobre la base de la comprensión material es muy difícil entender la vida espiritual o la plataforma espiritual. Prabhupāda resumió sus puntos: Vida espiritual significa vida eterna, bienaventurada y llena de conocimiento. Vida material significa vida impermanente, miserable e ignorante. Nuestro cuerpo no permanecerá y siempre está en condiciones miserables, pero debido a nuestra larga asociación con la materia, nos hemos vuelto tan obtusos que resulta muy difícil entender la vida espiritual, cuáles son las actividades espirituales, qué es el mundo espiritual, quién es Dios, cuál es nuestra relación con Él. Por lo tanto, este movimiento de conciencia de Kṛṣṇa es una especie de entrenamiento para comprender la vida espiritual, el mundo espiritual y a Dios. Prabhupāda instó a su audiencia a comprender la conciencia de Kṛṣṇa asociándose con los devotos que ahora se habían establecido en Suecia y a adoptar el sencillo proceso de cantar el Hare Kṛṣṇa mahā-mantra: Si aprovechamos este canto del mantra, gradualmente nuestro corazón se limpiará, e inmediatamente podremos entender: «Yo no soy este cuerpo; soy alma espiritual». Entonces vendrá el verdadero despertar. Prabhupāda dio el ejemplo de un hombre a la deriva en el océano, que no puede ser feliz —por mucho que lo intente— hasta que vuelve a tierra firme.
Una semana exitosa en Estocolmo
Del mismo modo, nuestro programa no consiste en hacernos felices mediante supuestos ajustes de nuestra situación material. Eso no es posible. Es mejor venir a la plataforma espiritual y actuar en la vida espiritual. Entonces sí hay posibilidad de felicidad. Tyaktvā dehaṁ punar janma naiti mām eti kaunteya: en la Bhagavad-gītā se dice que quienes cultivan la vida espiritual y el conocimiento espiritual, para ellos, tras abandonar este cuerpo, hay promoción al mundo espiritual. Esa es una vida eterna y bienaventurada, y eso nos hará felices. Así que, si nos ponemos serios, si realmente queremos ser felices, debemos tomar el camino de la comprensión espiritual. Por supuesto, en todos los países o en distintas partes del mundo hay algún sistema religioso para comprender la vida espiritual. Pero, lamentablemente, nadie está interesado en ningún sistema espiritual o religioso, porque han sido inducidos cada vez más a volverse adictos a las actividades materiales y sensuales, y así se alejan muchísimo de la vida espiritual, y cada vez surge más confusión y frustración en todo el mundo. Para mitigar este tipo de frustración y confusión uno tiene que tomar este movimiento de conciencia de Kṛṣṇa e intentar comprender la filosofía y actuar en consecuencia. Entonces la gente será feliz. Ese es nuestro programa. Muchas gracias. Hare Kṛṣṇa. Por la tarde, el Dr. Suneson, un profesor de sánscrito, vino a ver a Prabhupāda en el templo. Era un erudito muy preparado que no solo conocía sánscrito, sino también hindi, tamil y bengalí. Para sorpresa de todos, estaba familiarizado con la tradición bhakti y manifestó un vivo interés por el kīrtana.
Dr. Suneson: «¿Cantan ustedes himnos y kīrtanas también en bengalí?» Prabhupāda: «Oh, sí». Dr. Suneson: «¿O mayormente en sánscrito?» Prabhupāda: «No, algunos en bengalí». hari hari biphale janama goṅāinu manuṣya-janama pāiyā, rādhā-kṛṣṇa nā bhajiyā, jāniyā śuniyā biṣa khāinu (A petición de Prabhupāda, los devotos trajeron un armonio y él cantó toda la canción).
Dr. Suneson: «¿Quién ha escrito esto?» Prabhupāda: «Narottama dāsa Ṭhākura».
narottama-dāsa kaya, nā ṭheliha rāṅgā pāy tomā bine ke āche āmāra Prabhupāda: «Narottama dāsa Ṭhākura canta hari hari biphale janama goṅāinu: “Mi querido Señor, he desperdiciado mi vida —biphale, sin ningún beneficio—. He obtenido esta forma humana, pero desaproveché la oportunidad de adorar a Rādhā-Kṛṣṇa”. Manuṣya-janama pāiyā, rādhā-kṛṣṇa nā bhajiyā. “Y al actuar así, he tomado veneno a sabiendas.” Jāniyā śuniyā biṣa khāinu. Narottama continúa: golokera prema-dhana, hari-nāma-saṅkīrtana. “Nāma-saṅkīrtana no es algo material; es el amor extático por Kṛṣṇa en Goloka Vṛndāvana.” Golokera prema-dhana, hari-nāma-saṅkīrtana, rati nā janmila kene tāya. “Pero no tengo apego por hari-kīrtana.” Saṁsāra-biṣānale, dibā-niśi hiyā jvale: “Mi corazón arde día y noche en la existencia material.” Jurāite nā kainu upāya: “Y no busqué ningún medio para liberarme.” Vrajendra-nandana yei, śacī-suta haila sei: “El mismo Dios Supremo, Kṛṣṇa, que advino como hijo de Nanda Mahārāja, ha venido de nuevo como hijo de Śacīdevī.” Y balarāma haila nitāi: “Balarāma ha venido como Nityānanda Prabhu.” Su misión es: dīna-hīna jata chila, hari-nāme uddhārila: “Liberar a todos los caídos mediante el saṅkīrtana.” Tāra śākṣī jagāi mādhāi: “Jagāi y Mādhāi son los testigos.” Hā hā prabhu nanda-suta, vṛṣabhānu-sutā-yuta: “¡Oh Señor Kṛṣṇa, hijo de Nanda, aquí estás con Rādhārāṇī, hija del rey Vṛṣabhānu! Esta es mi súplica.” Karuṇā karaha ei-bāra: “Ten misericordia de mí esta vez.” Narottama dāsa kaya, nā ṭheliho rāṅgā pāya, tomā bine ke āche āmāra: “Narottama dāsa Ṭhākura dice: ‘No me rechaces. No tengo otro refugio. Acéptame, por favor’”». Dr. Suneson: «¿Cuántos años tiene esta composición?» Prabhupāda: «Se escribió hace unos 450 años. Hay muchas canciones de
Narottama Ṭhākura:
gaurāṅga bolite habe pulaka-śarīra
hari hari bolite nayane ba'be nīra
āra kabe nitāi-cānder koruṇā hoibe
saṁsāra-bāsanā mora kabe tuccha ha'be
viṣaya chāriyā kabe śuddha ha'be mana
kabe hāma herabo śrī-bṛndābana
rūpa-raghunātha-pade hoibe ākuti kabe hāma bujhabo se jugala-pīriti Hay muchísimas canciones. Otra es: gaurāṅgera duṭi pada, jār dhana sampada, se jāne bhakati-rasa-sār También tenemos las canciones de Bhaktivinoda Ṭhākura, los de Narottama dāsa Ṭhākura, y los de Locana dāsa. Por ejemplo: parama karuṇa, pahuṅ dui jana, nitāi gauracandra saba avatāra-sāra śiromaṇi, kevala ānanda-kanda bhajo bhajo bhāi, caitanya nitāi, sudṛḍha biśwāsa kori' biṣaya chāriyā, se rase majiyā, mukhe bolo hari hari Hay tantas canciones, todas escritas en un bengalí muy sencillo. Especialmente las canciones de Narottama dāsa Ṭhākura han sido aprobadas por Viśvanātha Cakravartī Ṭhākura como evidencia védica. Aunque están escritas en bengalí, están llenas de autoridad védica. Usted tiene inclinación devocional. Desarróllela. Haga su vida un éxito. Esa es mi humilde sugerencia. Manuṣya-janama pāiyā, rādhā-kṛṣṇa nā bhajiyā, jāniyā śuniyā... Todo aquel que ha obtenido esta forma humana y no la emplea en desarrollar conciencia de Kṛṣṇa está bebiendo veneno a sabiendas. Jāniyā śuniyā biṣa khāinu. Biṣa significa veneno. Es una gran oportunidad, esta vida humana. Esa es nuestra misión: la civilización moderna ha creado tal enredo que la gente se está pudriendo y está perdiendo la oportunidad de la vida humana, todo por la base del concepto corporal de la existencia. […] Así que, por orden de nuestros superiores, estamos tratando de introducir este conocimiento. Pero estamos muy apenados al ver cómo la gente desperdicia su vida en el concepto corporal, sin saber qué les espera en la siguiente vida. Pero la siguiente vida es un hecho».
Al día siguiente, Prabhupāda dio una conferencia en la Universidad de Uppsala. Antes de su llegada, los devotos crearon el ambiente con kīrtana y bhajanas.
HṚMĀTĪ DĀSĪ: «Junto con Hansadutta, Avināścandra, Vedavyas y Kṛṣṇapremī formaba parte de un grupo de canto sobre el escenario. Cuando llegó Prabhupāda, todos nos postramos para ofrecer daṇḍavats, y de alguna manera acabé tumbada justo delante del vyāsāsana. Prabhupāda me pisó las manos sin querer, pero fue como si las rozaran pétalos de rosa: sus pies eran tan suaves. Enseguida Pṛthu ofreció a Prabhupāda un collar de flores y él también pisó mis manos, pero esa vez sí sentí dolor».
Para sorpresa de todos, Prabhupāda no dio una charla introductoria, sino que inició el programa entonando versos del Quinto Capítulo de la Brahmasaṁhitā, que contiene descripciones detalladas de Kṛṣṇa y del mundo espiritual. Los devotos fueron invitados a cantar con él la última línea de cada verso: govindam ādi-puruṣaṁ tam ahaṁ bhajāmi, “Adoro a Govinda, el Señor primordial”. Comenzó su conferencia explicando el verso advaita acyuta anādi anantarūpam. Aunque tanto Dios como los jīvas son seres eternos, el Señor nunca cae de Su posición, mientras que nosotros sí podemos caer. Prabhupāda resumió brevemente lo que describe el verso: que Kṛṣṇa es el origen de todo; que posee múltiples formas, una de las cuales sostiene el mundo; que, aunque es el más antiguo, permanece eternamente joven; y que se Le puede alcanzar con facilidad aproximándose a un devoto. Para transmitir el significado de ānanda-cinmayarasa, Prabhupāda explicó que en el mundo espiritual todo es una expansión de Kṛṣṇa y, por tanto, energía espiritual pura.
HṚMĀTĪ DĀSĪ: «Cuando Prabhupāda describió cómo todo en el mundo espiritual es una expansión de Kṛṣṇa —las gopīs, Su padre y madre, Sus amigos, los árboles y las flores, Sus terneros y vacas—, levantó la mano y, sin darse la vuelta, señaló el cuadro de Rādhā y Kṛṣṇa pintado por Vāsudeva, que colgaba a un lado del vyāsāsana, como si lo estuviera viendo, para ilustrar sus palabras. Era plenamente consciente de todo lo que había a su alrededor. Me dejó asombrada».
Śrīla Prabhupāda concluyó su charla con el verso cintāmaṇi prakāra sadmasu kalpa vṛkṣa lakṣāvṛteṣu surabhīr abhipālayantam: En el planeta de Kṛṣṇa hay muchos árboles, muchos palacios, pero todos son espirituales. Cintāmaṇi significa ‘espiritual’. Las casas están hechas de piedra de toque. Y a Kṛṣṇa le encanta cuidar de las vacas. ¿Y qué vacas son esas? Surabhi. Surabhi quiere decir que podemos obtener toda la leche que queramos y todas las veces que queramos. Aquí, en el mundo material, hay vacas, pero solo podemos sacar leche en cantidad limitada. Si leéis la Brahma-saṁhitā, encontraréis una descripción completa del mundo espiritual, de las entidades espirituales, del Señor Supremo, de Sus compañeros, de Su morada, de Sus pasatiempos—todo—descrito de manera muy hermosa. Y si desarrollamos apego por ese lugar, entonces podremos intentar—podremos prepararnos— para regresar al hogar, de vuelta a Dios. Esa es la perfección de la vida. Esa es la misión del movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa. A la tarde siguiente, Prabhupāda habló ante un auditorio de profesores y estudiantes en la Universidad de Uppsala. Consciente de su inclinación hacia la política, escogió el verso 41 del capítulo dieciocho de la Bhagavad-gītā: “Los brāhmaṇas, kṣatriyas, vaiśyas y śūdras se distinguen por las cualidades nacidas de su propia naturaleza, de acuerdo con las modalidades materiales”. Comenzó diciendo: En todas partes, incluso entre plantas y animales, actúan estas tres modalidades. Igual que algunos árboles: no sirven para nada; no dan ni buenos frutos ni flores. Esos son de tercera clase, en ignorancia. Las vacas son animales de primera clase, en la modalidad de la bondad, pues proporcionan un alimento tan valioso y nutritivo como la leche. Pero los gatos y los perros pertenecen a la tercera clase. Esta es la evaluación según las tres modalidades de la naturaleza material. Entre los seres humanos, entre los animales, entre los árboles, entre las aves—en todas partes, dice Kṛṣṇa—, incluso en los sistemas planetarios superiores, estas tres modalidades actúan. Por eso, en la sociedad humana, como existen estas tres modalidades de la naturaleza material, las divisiones deben hacerse científicamente según esas modalidades. Y esto es lo que explica Śrī Kṛṣṇa en la Bhagavad-gītā: catur-varṇyaṁ mayā sṛṣṭam, cuatro clases de hombres”. Prabhupāda explicó las cualidades y los deberes de las distintas divisiones y denunció la idea de una sociedad sin clases como una utopía. Pero entonces introdujo una nueva perspectiva: que podemos trascender el condicionamiento de la existencia material elevándonos a la plataforma espiritual: En el cuerpo humano, aunque existen naturalmente tales divisiones, uno puede ser elevado a una posición superior mediante este movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa. En lo que respecta al cuerpo material, no podemos cambiar la cualidad. Eso ya está determinado. Cada cual recibe un tipo particular de cuerpo por disposición de la naturaleza, según su cualidad. Ahora bien, si deseamos cambiar a una persona a una cualidad mejor, entonces debemos aceptar la conciencia de Kṛṣṇa. Porque la conciencia de Kṛṣṇa está en la plataforma espiritual y no tiene nada que ver con la plataforma material. Desde la plataforma material no podemos cambiar la cualidad de nadie. Prabhupāda señaló a sus discípulos como prueba viviente y explicó que habían abandonado fácilmente todos los hábitos pecaminosos al aceptar la conciencia de Kṛṣṇa. Incluso se habían olvidado de sus designaciones corporales como estadounidenses, ingleses o alemanes, dijo. Ya no pensaban en términos de blanco o negro; ahora se identificaban únicamente como almas espirituales, partes integrales y eternas del Señor Supremo. A continuación, expuso un análisis del alma y recalcó que incluso los animales y las plantas son almas que merecen protección, en contra de la idea comunista de preocuparse solo por los seres humanos. «Así que la sociedad actual no es una sociedad bien organizada. Una sociedad bien organizada significa que hay hombres de primera clase, brāhmaṇas, que dan consejo a los hombres de segunda clase, los administradores. Y la clase administrativa debe velar por que todos sigan los principios religiosos. Y los hombres de tercera clase, o la clase mercantil, deben producir alimentos. Habiendo vuelto al tema original de las divisiones de la sociedad, Śrīla Prabhupāda explicó a continuación qué significa ser un brāhmaṇa y subrayó la necesidad de un departamento educativo que forme a hombres de primera clase. Cuando terminó su charla, se inició una animada sesión de preguntas y respuestas, y un estudiante en particular tomó la iniciativa. Molesto por la idea de una sociedad basada en lo que, a sus ojos, parecía el detestable sistema de castas, desafió: «¿Por qué tienen ustedes estas distinciones?» Prabhupāda hizo una pausa, pensativo, contestó: «Las distinciones existen solo mientras no somos devotos. Entonces debe haber esas distinciones. Ya existen por naturaleza».
Pero el estudiante no había comprendido las diferencias que Prabhupāda había explicado. Volvió a desafiar: «¿Pero por qué?» «¿Por qué?» —preguntó Prabhupāda, sorprendido—. «Porque hay personas de tercera clase, personas de cuarta clase, personas de primera clase. Existen. ¿Cómo puedes decir “por qué”?» Su interlocutor evitó responder a la pregunta y comenzó otro argumento, pero Prabhupāda lo interrumpió para corregir su actitud obstinada: «¿Piensas que todo el mundo es de primera clase? ¿Lo piensas?» Cuando el estudiante admitió que no, Prabhupāda concluyó: «Por tanto, una persona de primera clase debe ser así, una persona de segunda clase debe ser así. Ya existen estas categorías: primera, segunda, tercera y cuarta». Al ver que iba perdiendo el debate, el estudiante cambió de táctica y dirigió la atención a Prabhupāda: «¿Así que usted dice que es un hombre de primera clase, no?» Pero estaba equivocado si pensaba que había humillado o acorralado a su oponente. Como humilde vaiṣṇava, Prabhupāda no tenía que jugar con las palabras para desviar el ataque; simplemente habló desde su propia realización: «Soy un hombre de quinta clase», dijo con naturalidad. «No pretendo nada, porque soy el sirviente de todos. Soy sirviente incluso del hombre de cuarta clase». El estudiante continuó desafiando: «Pero usted es un brāhmaṇa; es un hombre de primera clase». Prabhupāda permaneció imperturbable: «Tú puedes decir que soy un hombre de primera clase, pero yo pienso que soy un hombre de quinta clase». Aún insatisfecho, el estudiante empezó a hablar de forma ininteligible, y Prabhupāda tuvo que interrumpirlo: «¿Cuál es tu punto? No entiendo lo que dices». En ese momento, Hansadutta intervino en la discusión. Bien consciente de que un devoto puro se considera más bajo que la brizna de paja en la calle y nunca se defiende de ataques personales, consideró su deber acudir en defensa de Prabhupāda. ¿Por qué su maestro espiritual tendría que lidiar con un alborotador irracional? «¿Cuál es tu punto?», insistió al retador. «Tienes que ir al grano. Organiza tu pregunta».
Cuando el estudiante criticó a Prabhupāda por sentarse en un asiento elevado decorado con flores, Hansadutta dio la vuelta al desafío: «¿Así que quieres sentarte tú ahí?» «No», respondió el joven. «Muy bien. No seas envidioso. Si tú puedes sentarte ahí y dar algo de conocimiento…» «No quiero sentarme ahí», gruñó el muchacho. «Entonces, ¿cuál es tu objeción?», preguntó Hansadutta. «¿Qué pasa con todas esas flores que habéis matado para que él esté decorado?», exigió el estudiante. Los aplausos de los demás indicaron que había tocado una fibra sensible. Śrīla Prabhupāda se volvió hacia Hansadutta: «¿Qué ha dicho?» «Su punto es que tantas flores han sido “matadas” para tu collar y para decorar el vyāsāsana», explicó Hansadutta. Y, dirigiéndose al estudiante, añadió: «¿Comparas esto con matar animales? ¿Es lo mismo?» El chico quedó descolocado. Hansadutta aprovechó para rematar el argumento: «¿Crees que arrancar una flor es lo mismo que matar una vaca en un matadero?» «Por supuesto que no», admitió el estudiante, añadiendo deprisa: «pero ¿quién ha dicho eso?» Hansadutta siguió con su razonamiento: «Entonces, no comes carne, pescado ni huevos, ¿verdad?» «Sí como», reconoció el joven, sin ver relación alguna entre ambos temas. Hansadutta dejó clara la contradicción: «Muy bien, entonces tú mismo no estás practicando lo que estás diciendo». Pero el estudiante intentó invertir la acusación: «Pero él predica que no se puede hacer eso, y no lo practica». Llegó el momento de aportar pruebas escriturales. Hansadutta citó la Bhagavad-gītā (9.26), donde Kṛṣṇa habla de ofrendas a Él: «”Si alguien Me ofrece con amor y devoción una hoja, una flor, una fruta o agua, Yo la aceptaré”. Esa es la diferencia entre matar un animal y una flor: Kṛṣṇa acepta frutas, flores y un poco de agua, pero no acepta una vaca ni un animal matado en un matadero». Lejos de aceptar a Kṛṣṇa como autoridad final, el estudiante cuestionó inmediatamente la validez de Sus palabras: «¿Por qué hace Él esta distinción?»
Prabhupāda había permanecido sentado todo el tiempo en el vyāsāsana, observando con satisfacción la prédica de su discípulo, pero ahora retomó la discusión y explicó la posición de un devoto de Kṛṣṇa: «Estamos practicando la conciencia de Kṛṣṇa. Así como Kṛṣṇa hace una distinción, nosotros también la hacemos. No estamos inventando ninguna idea propia. Ese es el movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa». Explicó que arrancar una flor no constituye realmente “matar”, pero el estudiante lo interrumpió: «¿Qué es entonces?» Prabhupāda apeló a su sentido común: «Sea lo que sea. Según tú, es matar. ¿Pero crees que matar esta flor y matarte a ti es lo mismo? Si alguien te mata a ti, ¿ese matar y este matar son iguales? ¿Piensas así?» El joven evitó la respuesta obvia y lógica desviando la atención hacia Prabhupāda: «En su opinión…» Pero Prabhupāda no le permitió escabullirse: «No, nosotros no damos una opinión así». El estudiante replicó: «¡Sí la dio!» En lugar de entrar en una discusión acalorada, Prabhupāda trató de apaciguarlo, dándole el beneficio de la duda y ofreciéndole una salida digna: No. Entonces has malentendido. Creo que has malentendido. Nuestro método de prédica es conciencia de Kṛṣṇa. Kṛṣṇa dice: patraṁ puṣpaṁ phalaṁ toyaṁ yo me bhaktyā prayacchati —”Si alguien Me ofrece con amor y devoción una hoja, una flor, una fruta o agua, Yo la aceptaré”. Así que ofrecemos esta flor a Kṛṣṇa. No la usamos independientemente. Tomamos los remanentes de Su alimento o cualquier cosa utilizada por Kṛṣṇa. Ese es nuestro movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa. No tomamos nada directamente. Ese es nuestro principio, esa es nuestra filosofía. Si Kṛṣṇa dijera que acepta carne, entonces nosotros también podríamos aceptar carne. Pero Él no lo dice. Él dice: patraṁ puṣpaṁ phalaṁ toyaṁ. Por eso debemos seguir el principio tal como está establecido en la Bhagavad-gītā. No podemos aceptar dictados de otros. Eso no es posible. Al darse cuenta de que no podría avanzar discutiendo contra afirmaciones que los devotos consideran de origen divino, el estudiante cambió su línea de ataque. Trató de sacudir los cimientos mismos de la conciencia de Kṛṣṇa: «¿Qué les hace pensar que Kṛṣṇa es Dios?», desafió. Una vez más, Prabhupāda no se dejó arrastrar. Más bien expuso lo poco razonable de la pregunta: «Sí. Si tú sabes qué es Dios, entonces aceptarás a Dios.
Si tú sabes: “Estas son las cualificaciones de Dios”, entonces aceptarás a Dios. ¿Sabes cuáles son las cualificaciones de Dios?» El muchacho no supo cómo afrontar la pregunta. «¿Lo sabes?», insistió Prabhupāda. «Así como encontramos a un médico: si sé cuáles son las cualificaciones de un médico, puedo entender quién es un verdadero médico. De manera similar, si sabes cuáles son las cualificaciones de Dios, entonces entiendes que Kṛṣṇa es Dios. No es difícil. Si sabes qué es el oro, puedes reconocer el oro verdadero. Si no lo sabes, puedes aceptar hierro como si fuera oro». El estudiante hizo un último intento de desviar el tema. «¿Es por pura lógica?», exigió. Pero Prabhupāda no le dejó escapatoria. Le preguntó clara y directamente: «¿Cómo entiendes a Dios?» «No lo entiendo», admitió el estudiante. «¡Entonces no hables de Dios!», dijo Prabhupāda con énfasis. «Si no entiendes a Dios, ¿por qué hablas de Dios? Si entiendes a Dios, entonces habla. Pero si dices “no entiendo a Dios”, ¿cómo puedes hablar de Dios?»
La charla ante los estudiantes de Uppsala fue otra demostración de lo difícil que era convencer incluso a personas aparentemente educadas mediante filosofía y argumentos. Prabhupāda lo había visto muchas veces, y por eso recalcaba tanto la importancia del saṅkīrtana congregacional y de la distribución de prasādam. Por eso le gustaba tanto el programa de festivales. La gente podía objetar ideas filosóficas, pero rara vez objetaba cantar, bailar y disfrutar de un delicioso festín. Al pasarlo bien, se purificaban sin saberlo y avanzaban espiritualmente. Y quien quisiera conocer la filosofía podía adquirir un libro. Así pues, cuando invitaron a Prabhupāda a hablar esa misma tarde ante un grupo de académicos —incluido el profesor de Indología que los devotos habían conocido—, les dijo a los devotos que lo acompañaran con varias ollas de prasādam.
PṚTHU DĀSA: «Quería que distribuyéramos prasādam caliente enseguida después de la charla. Así que allí estábamos, delante de eruditos e intelectuales, con nuestras ollas humeantes, que llenaron rápidamente el ambiente con el aroma de sabrosos purīs y halavā, mientras Prabhupāda daba una conferencia sobre la Bhagavad-gītā. Era algo muy distinto de un entorno académico. Pero
la distribución de prasādam era más importante que causar la impresión de ser filósofos académicos.»
Para su charla de aquella noche, Prabhupāda había escogido los textos 1 y 2 del capítulo trece de la Bhagavad-gītā. Ahí Arjuna pregunta por la naturaleza material, su disfrutador, el campo de actividad y el conocedor del campo. Prabhupāda primero explicó brevemente la relación entre Kṛṣṇa y Arjuna como maestro espiritual y discípulo, y la necesidad de que un discípulo tenga una actitud sumisa al tratar de comprender el conocimiento trascendental. Tenía muy presentes las actitudes desafiantes de los estudiantes de aquella tarde: Sumisión significa que debo acercarme a alguien que esté realmente en una posición mejor o superior; de lo contrario, ¿para qué acercarme? Tad viddhi praṇipātena paripraśnena sevayā. Y sevā significa servicio. No puedes desafiar. Te acercas a una persona cuyas instrucciones vas a recibir; puedes preguntar con actitud sumisa, pero no puedes desafiar. Eso no está permitido en el sistema védico. Samit-pāṇiḥ śrotriyaṁ brahma-niṣṭham. Por eso, antes de elegir un maestro, debes decidir si puedes someterte a él. Si no puedes someterte, no le aceptes; no pierdas el tiempo. Cuando Śrīla Prabhupāda comenzó a analizar los versos, explicó el significado de Dios, definiéndolo como el controlador supremo. Un controlador debe ser una persona con la capacidad de dar órdenes, dijo. Uno de sus objetivos principales era desmontar la concepción impersonal de Dios tan extendida en el pensamiento occidental moderno. Los profesores estaban familiarizados con la Bhagavad-gītā y las Upaniṣads, pero entendían la Verdad Absoluta como algo sin forma y más allá de toda descripción. Fiel a su convicción de que comenzamos a entender a Dios entendiendo primero que somos almas espirituales, Prabhupāda explicó la primera lección de la Bhagavad-gītā que dice que no somos el cuerpo: El alma cambia de un cuerpo a otro en el momento de la muerte, aunque nadie quiere morir. ¿Por qué deberíamos aceptar un tipo de cuerpo, vivir en él un tiempo y luego cambiarlo otra vez? Esto ya lo hemos experimentado. Cualquiera de nosotros desea que su cuerpo juvenil permanezca. Tratamos de conservar esa juventud con tantas medicinas, con tantos métodos. Pero la naturaleza no permite que permanezcamos siempre jóvenes. Eso no es posible: tenemos que cambiar. Por lo tanto deberíamos preguntarnos: «No quiero este tipo de cuerpo: viejo, débil, más condicionado, con reumatismo y tantas otras enfermedades, como la tos... No lo quiero, pero me veo obligado a aceptarlo». Este es nuestro problema real. «No quiero morir, pero la muerte me es impuesta»”. Estas preguntas deberían planteárselas los seres humanos verdaderamente avanzados. A continuación, Prabhupāda comentó la eterna pregunta: «¿Puede mostrarme a Dios?» Explicó que nuestra capacidad de ver depende de ciertas condiciones; necesitamos luz, por ejemplo. Del mismo modo, si queremos ver a Dios, debemos cumplir una condición en particular: aplicar el ungüento del amor en los ojos. «Las personas santas —explicó Prabhupāda—, «aquellas que se han entrenado en el amor a Dios, pueden ver a Dios constantemente en su corazón. Eso es posible. Arjuna también es una persona santa. No es un hombre ordinario, porque está hablando personalmente con Kṛṣṇa. Si Arjuna tuvo la oportunidad de hacerse amigo de Dios y hablar con Él cara a cara, cualquiera tiene la misma capacidad, siempre que se eleve a ese nivel de vida: bhakti, bhaktiyoga». Cuando Prabhupāda pidió preguntas, se hizo evidente que los profesores no se habían interesado mucho por sus reflexiones. Más bien estaban enfrascados en sus propias consideraciones académicas. «¿Cuál es la diferencia entre la Bhagavad-gītā y los Vedas?», preguntó uno. Esto llevó a Prabhupāda a explicar que los Vedas abarcan muchos temas distintos, pero su meta última es conocer a Dios. Volvió a insistir en que no podemos conocer a Dios con nuestros sentidos actuales. «Con estos sentidos materiales, burdos e imperfectos, no podemos comprender a Dios. Eso no es posible. Pero si logramos complacer a Dios mediante nuestro servicio y nuestro amor, Él se revela. La revelación es el proceso. Así que solo por especulación o investigación no podemos encontrar a Dios. Eso no es posible». Otro académico preguntó por las diferencias entre Brahman, Paramātmā y Bhagavān. Prabhupāda puso el ejemplo de una colina que se ve de manera distinta según la distancia: desde lejos parece una nube; más cerca se aprecian sus variaciones; y de cerca se distinguen árboles y animales. Concluyó que, en última instancia, la Verdad Absoluta es Bhagavān, la Suprema Personalidad de Dios. La palabra “personalidad” dio pie a otra pregunta: cómo entendía él ese concepto. Cuando Prabhupāda citó la Kaṭha Upaniṣad, donde se afirma que Dios es la Persona Suprema que provee las necesidades de todas las demás
personas, el profesor objetó que las Upaniṣads declaran que «la Unidad es inexpresable». Aun así, Prabhupāda no cedió. Citó más versos que indican que Dios es una persona, aunque Su cuerpo trascendental es distinto del nuestro. Al ver que las posturas eran irreconciliables, el profesor que había invitado a los devotos puso fin a la discusión con cortesía.
HARERNĀMĀNANDA DĀSA: «Śrīla Prabhupāda estaba sentado detrás del escritorio del profesor, mientras el catedrático de Indología, sus colegas y algunos devotos ocupaban los pupitres. A mí me pareció que aquellos profesores no entendieron nada. Sus preguntas después de la charla mostraban que estaban saturados con información obtenida de sus estudios académicos e incapaces de apreciar explicaciones sencillas o respuestas directas. Tras la conferencia, Bhārgava —otro fotógrafo— y yo nos quedamos solos con Prabhupāda, porque los demás acompañaban a los profesores a la salida. Entonces Prabhupāda se volvió hacia nosotros y preguntó: “¿Qué pensáis? ¿Estuvo bien?” Bhārgava expresó su aprecio por la presentación de Prabhupāda, pero yo fui incapaz de pronunciar palabra. Era como si mi mente se hubiera quedado en blanco. Pensé: “¿Por qué me pregunta Prabhupāda? Él sabe perfectamente en qué nivel están estos profesores”. En su presencia yo siempre me sentía sobrecogido por respeto y reverencia. De hecho, cuanto más tiempo pasaba con él, más crecía mi respeto. Me sentía muy insignificante a su lado. Aunque hoy lamento no haber sido capaz de hablar con Prabhupāda con mayor soltura, creo que también tuvo su lado positivo. Era más seguro así. Como él decía: “La familiaridad engendra desprecio”. Así que no había posibilidad alguna de volverme demasiado familiar con Śrīla Prabhupāda. Estar en su presencia era una experiencia intensa, al menos para mí. Siempre sentía que sus ojos eran como rayos X. Cuando me miraba, era como si pudiera leer mi rostro como un libro abierto, haciéndome plenamente consciente de mi propia condición material».
NIKHILĀNANDA DĀSA: «A la mañana siguiente salimos a caminar con Prabhupāda cerca del templo. No habló mucho; cantaba suavemente en sus cuentas. Era septiembre, y el amanecer sueco resultaba frío y ligeramente brumoso. Cuando el gran sol rojo por fin despuntó en el horizonte, Prabhupāda comentó pensativo: “Kṛṣṇa sūrya-sāma. Kṛṣṇa es como el sol”. Así nos recordó que no es difícil ver a Kṛṣṇa en todas las cosas».
SMITA KṚṢṆA SWAMI: «Antes de los programas públicos, los devotos hacían harināma en el centro de Estocolmo e invitaban a la gente a venir a escuchar a Prabhupāda. En una ocasión, quizá con la idea de dar misericordia a los más caídos, invitaron también a un grupo de borrachos a que se uniera. Afortunadamente, aquellos tipos fueron bastante amables y no causaron ninguna perturbación durante el programa. Mientras Prabhupāda hablaba, los notó y, movido por su deseo de dar a cualquiera la oportunidad de elevarse a la conciencia de Kṛṣṇa, comenzó a comentar el verso de la Bhagavad-gītā donde Kṛṣṇa declara que Él es el sabor del agua: Kṛṣṇa dice: raso ’ham apsu kaunteya: en cualquier sustancia líquida, el sabor que te atrae, ese soy Yo. Incluso si eres un borracho y te gusta saborear vino, te recomiendo simplemente pensar: “Este sabor del vino es Kṛṣṇa”. Eso te convertirá en un yogui, en el mejor de los yoguis. Si simplemente piensas así: “Estoy probando vino —oh, qué buen sabor— esto es Kṛṣṇa.” ¿Hay alguna pérdida por pensar así? Esto es conciencia de Kṛṣṇa.»
MAṆIMAÑJARĪ DĀSĪ: «Por suerte estuve entre los devotos que acompañaron a Prabhupāda a Uppsala aquella noche. En la sala donde tuvo lugar la conferencia, yo estaba sentada en la segunda fila, a unos tres metros de Prabhupāda. Aún no estaba iniciada y sentía curiosidad por entender por qué los devotos siempre hablaban de Prabhupāda con tanta alabanza y entusiasmo. Así que durante un buen rato me limité a mirarlo fijamente, casi con un ánimo de desafío, y prácticamente no escuché nada de lo que decía. Quería averiguar qué tenía de especial buscando síntomas externos. Pero de repente Prabhupāda me devolvió la mirada, y cuando nuestros ojos se encontraron me sentí como si me hubiera caído un rayo. Me incomodé tanto que no me atreví a volver a mirarle durante el resto de la conferencia. De hecho, durante los días que siguieron a su visita solo lo miré desde lejos. El último día, en el aeropuerto, Prabhupāda estaba rodeado de algunos discípulos. Hansadutta dirigía el kīrtana. De pronto algo se iluminó dentro de mí. Fue como si Prabhupāda me hablara desde el corazón: “Si quieres
conocerme, tienes que servir.” Sentí un gran alivio. Esa era la respuesta. No es que lo hubiera leído en un libro y ahora lo recordara, sino que fue más bien una revelación, la misericordia de Prabhupāda poniendo fin a mi abatimiento y confusión: el servicio devocional lo revelaría todo».
El día después del encuentro de Prabhupāda con los profesores estaba reservado para un festival de Hare Kṛṣṇa. Se habían colocado carteles por todo Estocolmo. Durante la mañana y primeras horas de la tarde, un gran harināma encabezado por Hansadutta llevó el canto del santo nombre por las calles de la capital sueca. Los devotos estaban tan absortos en el canto que lo continuaron dentro del recinto del festival, donde otro grupo de devotos decoraba, instalaba el sistema de sonido y preparaba prasādam.
MṚDĀṆĪ DĀSĪ: «Yo estaba ayudando a Himavatī a freír purīs mientras Hansadutta dirigía el kīrtana en la sala. Se esperaba la llegada de Prabhupāda en cualquier momento. Me encantaba cantar y bailar en kīrtana, especialmente en los kīrtanas de Hansadutta, así que le pedí a Himavatī si podía ir a unirme. Cuando estaba completamente absorta en cantar y bailar, con las manos en alto casi tocando el techo, me di la vuelta y ahí estaba Prabhupāda. Parecía tan complacido. Me miró directamente a los ojos, y su mirada era tan profunda e interminable que tardé un segundo en darme cuenta de que debía ofrecer reverencias. Podía ver cuánto apreciaba él que disfrutáramos cantando y bailando en kīrtana».
VIBHĪṢAṆA DĀSA: «Cuando Prabhupāda entró en la sala, el público ya lo esperaba, y la gente se levantó de sus asientos e inclinó la cabeza para saludarlo. Fue un acto espontáneo, no como en los estudios de televisión donde se enciende una luz roja para indicar que hay que aplaudir».
El tema de la conferencia era El guru y la vida espiritual. Hansadutta había sugerido a Prabhupāda que explicara los versos del Gurvāṣṭaka. Prabhupāda comenzó hablando de la diferencia entre materia y espíritu y entre el mundo material y el mundo espiritual. Dijo a su audiencia que dependía de ellos decidir adónde ir después: «El guru puede ayudarnos a transmigrar desde este planeta directamente al cielo espiritual, donde hay innumerables planetas espirituales».
Prabhupāda mencionó el verso de la Bhagavad-gītā que dice que, según los deseos de uno, se puede ir a diferentes planetas. «A eso se le llama saṁsāra — dijo Prabhupāda—: girar dentro de este mundo material. Y se compara con un dāvānala, un incendio forestal». Estaba preparando el terreno para el primer verso —saṁsāra-dāvānalalīḍha-loka tranāya karuṇa-ghanāghanātvam—, pero antes aclaró el significado de saṁsāra-dāvānala. Al fin y al cabo, sin darse cuenta de la miseria de la vida material, ¿por qué iba alguien a aceptar un guru para salir de ella? Así, Prabhupāda dio varios ejemplos del incendio forestal de la existencia material: las dos Guerras Mundiales, la guerra de Vietnam y la guerra entre India y Pakistán: Podemos esforzarnos todo lo que queramos por vivir en paz, pero la naturaleza no lo permitirá. Tiene que haber guerra. Especialmente en la historia europea ha habido tantas guerras: la guerra de los cartagineses, la guerra de los griegos, la guerra de los romanos, la Guerra de los Siete Años entre Francia e Inglaterra, y la Guerra de los Cien Años. Y ese espíritu de guerra continúa, no solo entre nación y nación, sino también entre persona y persona, vecino y vecino, incluso entre marido y mujer, padre e hijo. Esta guerra continúa. A esto se le llama dāvānala, incendio forestal. En el bosque no va nadie a encender un fuego, pero automáticamente, por la fricción del bambú seco, se produce electricidad y prende fuego. Del mismo modo, aunque no deseamos la infelicidad, por nuestra manera de relacionarnos creamos amigos y enemigos, y hay lucha, hay guerra. Esto continuará. A esto se le llama saṁsāra-dāvānala. Intentad entenderlo. Así pues, guru significa maestro espiritual, aquel que puede rescatarnos de este incendio forestal. Un incendio forestal necesita agua para apagarse. Pero ¿de dónde vendrá esa agua? ¿De un cubo o de un camión de bomberos? No. Tiene que venir del cielo. Cuando haya torrentes de lluvia que caigan del cielo, el incendio forestal quedará extinguido. Estas lluvias del cielo no dependen de la propaganda de los científicos ni de sus manipulaciones. Dependen de la misericordia del Señor Supremo. Por eso el maestro espiritual se compara con la nube. De la nube caen torrentes de lluvia, y de la misma manera, el maestro espiritual se considera como una nube que derrama misericordia. La nube toma agua del mar; no posee agua propia. Del mismo modo, un maestro espiritual trae la misericordia de la Suprema Personalidad de Dios. Él no tiene misericordia propia, sino que lleva la
misericordia de la Suprema Personalidad de Dios. Esa es la cualificación de un maestro espiritual. Un maestro espiritual nunca dirá: «Yo soy Dios. Yo puedo darte misericordia». No; ese no es un maestro espiritual. Ese es un farsante. Un maestro espiritual dirá: «Soy un sirviente de Dios. He traído Su misericordia. Por favor, tómala y quédate satisfecho». Prabhupāda habló entonces acerca del síntoma de la existencia material —la ansiedad— y dijo que la primera prueba de un maestro espiritual genuino es si sus discípulos se liberan de la ansiedad al seguir sus instrucciones. La segunda prueba es su dedicación constante a cantar las glorias de la Suprema Personalidad de Dios: En la era de Kali, simplemente cantando los santos nombres del Señor podemos alcanzar toda perfección. Toda perfección. Y nuestro movimiento, este movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa, está destinado a ese propósito. En la India es muy popular, pero en los países occidentales lo hemos introducido hace solo cinco o seis años, y la gente lo está aceptando, y se sienten felices. Así que este es el único proceso. Por lo tanto, el guru está siempre ocupado en el canto: mahāprabho kīrtana-nṛtya-gīta, cantando y danzando. A menos que él mismo cante y dance, ¿cómo va a enseñar a sus discípulos? Prabhupāda describió brevemente el tercer síntoma, la adoración a la Deidad, mencionando que en Suecia aún no se había establecido la Deidad. Cuando pasó al verso siguiente, amplió su significado original, cargándolo con su espíritu dinámico de prédica: El cuarto síntoma es que un guru, un maestro espiritual, anima la distribución de prasādam al público. Lo nuestro no es filosofía seca: no hablamos simplemente y luego nos vamos a casa. No. Distribuimos prasādam, comida espiritual muy opulenta. Si coméis bhāgavata-prasādam, poco a poco os espiritualizáis. Tiene esa potencia. Por eso se dice que la realización de Dios puede hacerse a través de la lengua: sevonmukhe hi jihvādau. Si ocupáis la lengua en el servicio del Señor, entonces Lo realizáis. ¿Y cuál es la ocupación de la lengua? Las ocupaciones de la lengua son cantar los santos nombres del Señor y tomar prasādam, los remanentes de alimentos ofrecidos al Señor. Entonces alcanzáis la autorrealización, la conciencia de Dios.» Los dos versos siguientes del Śrī Gurvāṣṭaka describen la relación íntima entre el guru y las gopīs, pero Prabhupāda evitó hablar de esos temas confidenciales en público y, en su lugar, recalcó la importancia de pensar constantemente en
Kṛṣṇa. Aplicó la idea de participar en los pasatiempos de Kṛṣṇa a todos los niveles de existencia espiritual: Así que la meta última del maestro espiritual es que desea ser trasladado al planeta de Kṛṣṇa, donde quiere asociarse con las gopīs para ayudarlas a servir a Kṛṣṇa. Algunos maestros espirituales piensan en convertirse en asistentes de las gopīs; otros piensan en ser asistentes de los pastorcillos; otros piensan en ser asistentes de madre Yaśodā o Nanda, o en ser sirvientes de Dios; y algunos piensan en cómo convertirse en una flor, un árbol frutal, un ternero o una vaca en Vṛndāvana». Prabhupāda explicó de nuevo la diferencia entre el mundo material y el mundo espiritual, pero esta vez se centró en la diferencia en la manifestación del amor: El amor real se encuentra en el mundo espiritual entre Rādhā y Kṛṣṇa. El amor real está entre Kṛṣṇa y las gopīs. El amor real, la amistad verdadera, está allí entre Kṛṣṇa y Sus pastorcillos. El amor real entre animal y hombre está allí: Kṛṣṇa ama a las vacas y a los terneros. El amor real entre árboles, flores, agua… […] El proceso es que adoráis a la Deidad, tomáis prasādam, cantáis el santo nombre, seguís las instrucciones del maestro espiritual; de esta manera os adiestraréis para comprender a Kṛṣṇa, y entonces vuestra vida será un éxito. *** La pequeña sala del templo en Spånga —un pueblo cerca de Estocolmo— era la sala de estar de una casa que los devotos habían alquilado, y no había realmente necesidad de amplificación; aun así, Uthāla quiso instalar parte del sistema de sonido del festival para amplificar las clases matutinas de Prabhupāda. Sin embargo, cuando su maestro espiritual comenzó a hablar, no salió ningún sonido. Prabhupāda golpeó el micrófono varias veces y preguntó a Hansadutta: «¿No funciona?» Uthāla, desesperado, intentó encontrar la causa. Revisó las conexiones, cambió cables, giró diales, pero sin éxito. Prabhupāda estaba molesto y divertido a la vez, y ridiculizó la mentalidad occidental de depender de la tecnología citando el último verso de un aforismo de Cāṇakya Paṇḍita: bahvārambhe laghu kriyā, el arreglo es muy grande, de estilo grandioso, pero el resultado es insignificante. «¿Para qué sirve tener parafernalia enorme?» preguntó Prabhupāda. «¿Para qué sirve mantener una máquina inútil?» Mencionó los cuatro ejemplos que da Cāṇakya: ajā-yuddhe, una pelea entre dos
cabras; muni-śraddhe, un festival de sabios en la selva; dampatya-kalahe, una pelea entre marido y mujer; y megha-garjane, truenos matutinos. «¿Habéis visto pelear a las cabras?» preguntó. Los devotos rieron cuando Prabhupāda imitó el sonido peculiar de cabras peleando: «¡Ongh! ¡Ongh! Como si fueran dos grandes héroes luchando. Pero en cuanto alguien viene y grita: “¡Hat!”, se van corriendo. «Y cuando por la mañana veis grandes nubes reunirse y escucháis truenos, pero podéis estar seguros de que no lloverá por la mañana. Estas cosas son bahvārambhe laghu kriyā. Ārambha: el comienzo es muy aparatoso, pero el final no es nada. Así que eso no es bueno: bahvārambhe laghu kriyā.» Después Prabhupāda dirigió su atención al Śrīmad-Bhāgavatam ante él. Estaba dando clases del Quinto Canto, del capítulo titulado “Las enseñanzas de Ṛṣabhadeva”, y el primer verso describía la necesidad de usar correctamente la forma humana de vida. Durante buena parte de la clase, Prabhupāda se detuvo en uno de sus temas favoritos: la condición degradada de la civilización moderna y sus pulidas tendencias animales de comer, dormir, aparearse y defenderse. Hacia el final de la clase se dirigió directamente a sus jóvenes seguidores: «No malgastéis vuestro tiempo. Terminad vuestro compromiso con la conciencia de Kṛṣṇa perfectamente. Perder el tiempo no es nada bueno. ¿Por qué no es bueno? Yato ’tmano ’yam asann api kleśada āśa dehaḥ: porque tenemos esta condición miserable de vida, este cuerpo, debido a nuestras acciones pasadas; ahora, si creamos de nuevo las mismas acciones, tendremos que aceptar otro cuerpo. Esta condición miserable de vida continuará. Terminad con ello. Por tanto, sea cual sea el tiempo y la oportunidad que tengamos, debemos prepararnos. No volver a tomar un cuerpo material. Y eso solo es posible si somos transferidos al mundo espiritual». *** Había sido una semana intensa en Suecia. Algunos días, Prabhupāda había hablado en dos programas públicos y había recibido a personas importantes, como el embajador de la India. Estaba especialmente complacido con el programa de festivales, que atrajo a mucha gente y ofreció a todos una experiencia directa de la conciencia de Kṛṣṇa. Ahora, al continuar su gira mundial partiendo hacia Los Ángeles, los devotos alemanes, con renovado entusiasmo y una convicción fortalecida, regresaron a su servicio de prédica en Hamburgo, Berlín, Heidelberg y Múnich.
A Prabhupāda le satisfacía mucho la prédica de Hansadutta, especialmente los equipos de saṅkīrtana. Solo en Alemania, cada semana más de una docena de furgonetas Volkswagen salían desde los distintos templos para hacer giras de prédica. Los distribuidores de libros y discos tenían resultados enormes, y solo regresaban brevemente los fines de semana para los kīrtanas y las copiosas fiestas de domingo. Prabhupāda apreciaba también los festivales públicos. Cuando Hansadutta indicó en su informe de GBC que se estaba volviendo demasiado costoso alquilar salas, cocinar alimentos para distribuir gratuitamente y mantener grupos de devotos ocupados en cantar y danzar (cuando podían estar recaudando fondos), Prabhupāda le escribió aconsejándole actuar con prudencia en su organización: En cuanto a los programas de festivales, no deberías detenerlos porque no sean económicos. Puedes ganar dinero con la venta de libros y luego gastarlo en los festivales. Los festivales son muy buenos para atraer a la gente; así puedes inyectarles fácilmente el veneno de la conciencia de Kṛṣṇa. Le recordó a Hansadutta que continuara predicando con entusiasmo; así todo éxito estaba garantizado: Así que tus equipos de saṅkīrtana están recaudando muy bien, especialmente en Ámsterdam. Mientras sigamos predicando de esta manera, no pasaremos hambre. Es bueno que el equipo de Berlín esté viajando. Estar estancado no es bueno. Yo soy un hombre viejo, pero siempre estoy viajando. Me alegra que la adoración de las Deidades en Hamburgo vaya bien. Dondequiera que haya Deidades debe haber un cuidado de primera clase: ārati, bhoga, limpieza, vestir, clases regulares. Si esto no es posible, mejor viajar. Tu proceso de traducción es también muy bueno, así que hazlo cuidadosamente. Estás haciendo una prédica excelente mientras yo estoy aquí luchando con la señora Nair. Deseo que, cuando este asunto esté resuelto, pueda volver a Europa o América, quizás vía África. Te alegrará saber que los devotos de Londres, a quienes tú has entrenado en saṅkīrtana y distribución de libros, lo están haciendo muy bien. Los devotos alemanes que he visto tanto en París como en Estocolmo me han impresionado por su entusiasmo. Es muy alentador, así que entrénales bien. Los alemanes son muy inteligentes y serán los futuros predicadores. Así que dales buenas traducciones de mis libros y tendrás un éxito tremendo en Alemania.
Nuestro éxito es nuestro entusiasmo. Así que todo lo que hagamos debe hacerse con entusiasmo: el canto, la lectura y el seguir las reglas y regulaciones. Eres un miembro experimentado de nuestra sociedad, y Kṛṣṇa te ha dado una excelente oportunidad para organizar Europa Central. Estoy seguro de que serás capaz de hacer algo en Moscú. Los jóvenes allí están deseosos; solo el gobierno es un obstáculo. Es un buen campo, simplemente tienes que encontrar el medio, pero ten por seguro que allí encontrarás muchos clientes. Tu énfasis en la distribución de libros es muy bueno. Ya tienes suficientes centros. Que vengan más devotos y entonces considera abrir más. El programa de autobuses tiene éxito en todas partes, así que continúalo.