UN NUEVO COMIENZO
En febrero de 1976, en Mayapur, Prabhupāda concedió sannyāsa a Harikeśa Dāsa y lo envió a América. En su camino, Harikeśa Swami se detuvo en Londres, donde se encontró con Hansadutta, que seguía siendo el GBC para el norte y el este de Europa. Hansadutta le habló de un programa de prédica en Hungría, al que no podía asistir porque tenía que volar a la India para participar en las reuniones del GBC. Así que Harikeśa Mahārāja ocupó su lugar y se encontró con Alanātha para ir a Budapest.
HARIKEŚA SWAMI: «Principalmente cantábamos Hare Kṛṣṇa y distribuíamos prasādam, porque en un país comunista dar conferencias era problemático. Para empezar, yo necesitaba un traductor, y al traductor le resultaba difícil encontrar las palabras adecuadas para muchos de nuestros términos filosóficos poco familiares. Además, era arriesgado hablar de Dios en un país oficialmente ateo. Pero el canto y los festines tuvieron un impacto tremendo. La respuesta de Prabhupāda a mi informe me animó y me iluminó: He notado cómo la personas se sienten atraídas por nuestro kirtana y prasadam allí en Hungría. Si consideran nuestra filosofía demasiado revolucionaria, no hay necesidad de imprimir libros inmediatamente. Primero el corazón debe ser purificado mediante el canto de Hare Krishna y la toma de Krishna prasadam.
Haber nacido en un lugar así es el resultado de un pasado impío, por lo que no les es fácil aceptar inmediatamente nuestra filosofía. Simplemente dales canto y prasadam. Debes ser muy hábil para prédicar en lugares así. Si quieres, puedes imprimir un disco allí, como has sugerido. Si los jóvenes se vuelven muy serios, si ves que es perjudicial que vistes dhoti y te afeites la cabeza, eso no es necesario. Simplemente introduce el canto y la distribución de prasadam y gradualmente se elevarán hasta convertirse en Vaisnavas. Un Vaisnava está desapegado de todas las condiciones materiales de la vida, así que incluso en tales circunstancias no se sentirá incómodo. La carta de Prabhupāda indicaba que quería que yo continuara con estos programas, y así decidí ir a Alemania para tener allí una base desde la que prédicar en el Este. Cuando llegué a Schloss Rettershof en abril, descubrí que el GBC acababa de cambiar. Antes había tratado con Hansadutta, y ahora Jayatīrtha estaba a cargo. No estaba seguro de a quién pedir lo que necesitaba. En primer lugar, necesitaba una furgoneta. Así que fui a la oficina del tesorero, y allí estaba Sucandra, que no se mostraba en absoluto entusiasmado con gastar dinero en el programa de prédica de un sannyāsī recién llegado. Pero tras una hora de discusión, lo convencí de que la furgoneta acabaría siendo un recurso para el templo, y le aseguré que yo me ocuparía de ella. Conseguí una Mercedes, que acondicioné con un fregadero, un lugar para dormir y todo lo necesario para viajar y prédicar. Mientras tanto, ayudé al templo dando clases y predicando individualmente a los devotos. Había mucha tensión en el ambiente, el templo estaba en mal estado y los devotos estaban deprimidos. Sucandra se sentaba en su oficina con la cabeza entre las manos, preguntándose cómo manejar la situación, y me preguntó qué hacer. Yo le dije: «Me parece que este templo está en māyā. Lo mejor es que tú y yo salgamos a predicar». Así que un par de veces fuimos a Hungría, a Alemania Oriental y a Polonia».
BHAKTI-BHŪṢAṆA SWAMI (SUCANDRA): «Ideamos un plan para introducir libros de contrabando en Alemania Oriental: dos furgonetas idénticas entrarían en la República Democrática Alemana —una con un visado de tránsito hacia Berlín Occidental, y la otra con un visado normal de entrada al país—. A la furgoneta que iba a Berlín Occidental solo se le permitiría circular por la
Un nuevo comienzo
autopista de tránsito, por lo que no sería inspeccionada. En cambio, la otra furgoneta que entraba sí sería registrada. Llenaríamos de libros la furgoneta de tránsito y dejaríamos la otra vacía. En la autopista, las furgonetas se encontrarían en un área de descanso y transferiríamos todos los libros a la furgoneta vacía. El único problema era que las áreas de descanso estaban estrechamente vigiladas por la policía de Alemania Oriental, así que siempre que veíamos acercarse un coche policial, uno de nosotros se preparaba para orinar en esa dirección. Como hombres bien educados, los policías, naturalmente, apartaban la vista al pasar. Transferíamos los libros lo más rápido posible. Siempre funcionaba».
KṚṢṆA-KṢETRA SWAMI: «Una vez conduje una furgoneta llena de libros desde Berlín Occidental hasta Berlín Oriental, no a través de uno de los puestos de control, sino saliendo de Berlín Occidental como si fuera en tránsito hacia Alemania Occidental y luego regresando a Berlín Oriental por un rodeo. Tomé la autopista de tránsito hacia Hannover durante unos pocos kilómetros y luego tomé un desvío hacia la carretera que iba a Polonia —algo totalmente prohibido—. Desde allí conocía una salida secundaria que llevaba a Berlín Oriental. Pero justo cuando tomaba la salida, apareció un coche de policía y me detuvo. Saqué mi pasaporte estadounidense y puse una cara inocente. Dije: “Creo que estoy perdido. Quiero ir a Hannover, pero supongo que esto es el camino equivocado?”. Al ver que yo era extranjero, el agente de policía se volvió servicial y me indicó cómo regresar a la carretera principal. Le di las gracias y tomé la carretera hacia Alemania Occidental. Cinco kilómetros más adelante, vi un camino de servicio, y Kṛṣṇa me inspiró a tomarlo. No había policía en esa carretera, y pronto llegué a Berlín Oriental. Fui directamente a la casa de un devoto en las afueras de la ciudad y descargué los libros. Los libros estaban en polaco, y los devotos de Polonia finalmente vinieron en tren, llenaron maletas de libros y regresaron a su país».
HARIKEŚA SWAMI: «En Leipzig, en Alemania Oriental, vivía un buen gṛhastha iniciado por Prabhupāda —Haladhara Dāsa Adhikārī—, y queríamos suministrarle libros. Taponidhi y Gaura-kiśora condujeron la furgoneta con los libros, y yo conduje la vacía. En la frontera, el agente se volvió sospechoso porque no había nada en mi furgoneta. Yo solo llevaba una pequeña bolsa personal. Pero después de explicarle que solo me quedaría una noche, me dejó pasar. Al entrar en el aparcamiento donde esperaba la otra furgoneta, un coche de policía entró detrás de mí. Decidimos que sería mejor salir de las furgonetas y comer unas manzanas. Nos sentamos en una mesa de picnic y actuamos como turistas, pero la policía continuó observándonos y probablemente sospechaba que algo estaba ocurriendo. Finalmente se marcharon, y entonces saltamos y transferimos los libros. Después yo me marché conduciendo con todos los libros. Unos dos minutos más tarde vi a la policía al borde de la carretera haciéndome señas para que me detuviera. Pensé: “Oh, no, me van a pillar con todos estos libros, ¡y tengo una visa de entrada!”. Así que mantuve la mirada al frente y fingí no verlos. Apreté el acelerador a fondo y me lancé por la carretera tan rápido como pudo la furgoneta. Ellos corrieron inmediatamente hacia su coche para perseguirme, pero en ese mismo momento Kṛṣṇa envió la lluvia más intensa que he visto en mi vida: era como cubos de agua cayendo del cielo. Era mediados de julio, y la carretera estaba tan caliente que la lluvia se convirtió en vapor, y prácticamente no se veía nada. Yo conducía en medio de esa niebla cegadora tan rápido como podía, y la policía de algún modo se perdió. Tomé la siguiente salida y luego carreteras secundarias hasta Leipzig. Ya era de noche cuando llegué a la casa de Haladhara, alrededor de las diez. Pero estaba tan acelerado que cogí una caja de libros —que normalmente hacía falta que la llevaran dos personas—, corrí hasta la ventana de Haladhara y la lancé dentro. Haladhara no era consciente de lo pesada que era la caja, y cuando le golpeó en el pecho, salió despedido hacia atrás —¡bum!— y los libros se desparramaron por todas partes. Pero yo seguí trayendo cajas lo más rápido que pude, porque la furgoneta estaba aparcada bajo una farola y cualquiera podía ver lo que estaba haciendo. Después de vaciar todos los libros, le dije: “Nos vemos mañana”.
Luego conduje hasta un camping. Estaba completamente agotado. Finalmente me dormí alrededor de medianoche. A las cinco y media de la mañana siguiente, oí unos golpes: “¡pam, pam, pam!” en mi ventana. Pensé:
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“Ahora sí que me han pillado”. Alguien gritaba: “¡Sr. Campagnola!”. Y yo pensé: “Oh, no, ¡incluso saben mi nombre!”. Pero solo era el encargado. Dijo: “Llamada telefónica”. Salí tambaleándome de la furgoneta, fui al teléfono, y era Sucandra al otro lado, informándome de que había recibido una llamada de América diciendo que debía ir inmediatamente a Londres para convertirme de nuevo en el secretario de Prabhupāda».
HARI-ŚAURI DĀSA: «Después de visitar Inglaterra y Francia en el verano de 1976, Prabhupāda regresó a la India. Pronto se hizo cada vez más evidente que Jayatīrtha no estaba tan comprometido con Alemania como había parecido. Pasaba la mayor parte del tiempo en Bhaktivedanta Manor, y sus visitas a Schloss Rettershof eran esporádicas y breves. Prabhupāda estaba preocupado. Por ello pensó que quizá Hansadutta debería regresar a Alemania y ocuparse de la situación de la que, al fin y al cabo, él era responsable desde el principio».
BHAKTI GAURAVANI GOSWAMI: «La noticia del posible regreso de Hansadutta nos llegó a principios de septiembre. La perspectiva de que volviera hizo estremecerse a todos. Jayatīrtha convocó una reunión, y los devotos decidieron que debía escribir una carta a Prabhupāda, firmada por todos, diciendo que el regreso de Hansadutta sería desastroso. El asunto se tomó tan en serio que se nos pidió a Pṛthu y a mí que tomáramos el siguiente vuelo a la India y entregáramos la carta personalmente a Prabhupāda, para que, si hacía falta alguna aclaración, estuviéramos allí mismo para responder cualquier pregunta».
Pṛthu Dāsa: «Llegamos a Vṛndāvana alrededor del mediodía. Tras ducharnos rápidamente y ponernos ropa limpia, fuimos a la casa de Prabhupāda. Harikeśa Swami abrió la puerta. No podía creer que hubiéramos viajado hasta la India solo para entregar una carta. Nos informó de que Prabhupāda estaba recibiendo su masaje y que no debía ser molestado. Así que dejamos la carta con él».
HARIKEŚA SWAMI: «Le leí la carta a Prabhupāda después del almuerzo. Jayatīrtha describía el caos que Hansadutta y sus hombres habían causado, y llegó incluso a comparar a Hansadutta con la peste. Prabhupāda alzó las cejas. “¿La peste?”, preguntó. Sobresaltado, repitió las palabras una y otra vez —
“como la peste”— y estuvo de acuerdo en que, dadas las circunstancias, Hansadutta no debía regresar a Alemania».
BHAKTI GAURAVANI GOSWAMI: «A la mañana siguiente acompañamos a Prabhupāda en su paseo. Era la primera vez que venía a la India justo después de la temporada de lluvias, y Vṛndāvana parecía muy distinto de como se veía a finales de la primavera. Un ligero velo de niebla cubría los campos, y el aire era húmedo y fragante. El viento empujaba enormes nubes blancas a través del cielo azul profundo. Envuelto en una chadar de lana gris, Prabhupāda cantaba suavemente en su japa-mālā mientras salíamos del Krishna-Balaram Mandir. Estar con él en ese entorno me dio una tenue vislumbre de lo que significa estar en Vaikuṇṭha, una atmósfera libre de ansiedad. Mientras paseábamos por el aire fresco de la mañana, todos los problemas y temores se desvanecieron».
PṚTHU DĀSA: «Avanzábamos por el camino de tierra cerca de la gośālā, y yo caminaba justo detrás de Prabhupāda. De repente se dio la vuelta y puso su bastón sobre mi pecho. “Entonces, ¿estáis satisfechos?”, me preguntó. Sorprendido, sonreí y dije: “Sí, Prabhupāda, muy satisfechos”. Luego preguntó: “¿Cuándo regresáis a Alemania?”. Le dije que planeábamos volver en un par de días. “¡Oh, no!”, dijo, abriendo mucho los ojos. “Simplemente disfrutad de la atmósfera espiritual. Quedaos al menos tres semanas”. Obedecimos con gusto. Al fin y al cabo, era una orden directa de nuestro maestro espiritual». *** Mientras Harikeśa Swami servía a Prabhupāda como su secretario en Vṛndāvana, recibió cartas de Sucandra, Dvārakeśa y Prabhujaka que describían los últimos avances de prédica en Europa Oriental. A comienzos del verano lo habían acompañado en sus giras por Alemania Oriental, Polonia, Yugoslavia y Hungría, y le habían prometido mantenerlo informado. Al enterarse de las maravillosas hazañas de sus hermanos espirituales, Harikeśa Swami sintió que a Prabhupāda le agradaría saber cómo avanzaba la prédica en el Este. Cuando Prabhupāda supo con qué entusiasmo respondía la gente tras el Telón de Acero al kīrtana y al prasādam, escribió cartas de ánimo a los predicadores:
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He recibido vuestra carta del 23 de agosto de 1976, dirigida a Harikesa Swami, y he leído su contenido con gran placer. Por favor, continuad con vuestro programa de prédica en Europa Oriental, pues este programa me complace mucho. Todos los fondos para este programa deben ser suministrados por los hombres del GBC local allí en Europa. Este programa es muy importante. Desde 1971, los devotos solo habían visitado el Bloque del Este de forma esporádica. Nadie había dedicado todas sus energías a implantar allí la conciencia de Kṛṣṇa. Pero en solo tres meses, Harikeśa Swami probablemente había hecho más de lo que nadie había logrado en cinco años. Ahora era el secretario de Prabhupāda, mecanografiaba sus cartas, y Prabhupāda estaba satisfecho con su servicio —por eso había aceptado que regresara en julio—, pero a ojos de Prabhupāda, Harikeśa se estaba pudriendo detrás de la máquina de escribir. Era un predicador enérgico y entusiasta que podía estar mucho mejor empleado encabezando la prédica en Europa Oriental. Cualquiera podía mecanografiar. Otra consideración era la precaria situación en Alemania. Jayatīrtha se mostraba reacio a asumir la responsabilidad, y Hansadutta no era bienvenido. La situación exigía una acción decisiva. Si Harikeśa Mahārāja predicaba en el Este, la elección natural para su base era Schloss Rettershof, y su presencia allí sería de gran ayuda. Prabhupāda sugirió que fuera a Polonia, donde la respuesta había sido especialmente positiva. Estaba tan deseoso de desarrollar el programa en el Este que le concedió a Harikeśa Swami un préstamo de 1.000 dólares para sus gastos inmediatos. Pero al llegar a Delhi, Harikeśa Mahārāja contrajo malaria y no pudo volar a Europa. Su mente empezó a vacilar, y escribió una carta a Prabhupāda expresando sus dudas sobre su nuevo destino. La barrera del idioma en los países de Europa Oriental era un obstáculo importante; tal vez debería predicar en América después de todo. La respuesta de Prabhupāda fue inequívoca: Te envié especialmente para predicar en esa zona; por eso te di el dinero; de lo contrario, en U.S.A. ¿qué necesidad hay de dinero? Tienes experiencia en esa área, por eso te di el dinero. Así que te pido que no vayas a U.S.A., aunque sea un poco difícil predicar en ese lugar. He escrito a Guru Dasa y a Sucandra para que se unan a ti —combinaos juntos y predicad—. En U.S.A. hay muchos predicadores, pero aquí no hay predicadores. De lo contrario, si debes predicar en inglés, entonces puedes predicar en Inglaterra. Prabhupāda dejó claro lo que quería, y Harikeśa Swami se resignó sin más vacilación a su voluntad. Se asoció con Sucandra, y en octubre fueron a Yugoslavia. La respuesta del público fue tremenda; enloquecían con el kīrtana y el prasādam. Prabhupāda se sintió muy animado cuando recibió el informe de Harikeśa Swami. Respondió: Estoy muy complacido de saber de nuestro éxito en Yugoslavia. Cuando hay un poco de esperanza de éxito en estos países, me anima cien veces más que en otros lugares. Si adoptan esta conciencia de Krishna, lo harán muy seriamente. Esta es la perfección de la ideología comunista. Todo pertenece a Dios. No hay propiedad privada. Han salido en la radio, eso significa que han purificado toda la atmósfera. Esa es la manera de introducirlo; la vibración sonora trascendental actuará. Utilizad este enfoque. Gradualmente tratad de convencerlos de que este movimiento es la perfección del comunismo. Seguid cantando el kirtana de Krishna. Ese es nuestro programa. Chaitanya Mahaprabhu solía salir a cantar. Nunca hablaba de filosofía en público, solo entre círculos elevados. El canto es muy eficaz. Junto con tanpura y mridanga tocados muy rítmicamente, dejad que canten. Realizad esta demostración musical y vended libros en la medida de lo posible, y organizad festines. Entonces todo será exitoso. Es bueno que no les gusten esos yoguis falsos y que les guste el mantra Hare Krishna. Dadles de algún modo u otro la oportunidad de cantar el maha-mantra Hare Krishna, y muy pronto se verán buenos resultados. Jayatīrtha se alegró de tener un sannyāsī en el Schloss, y animó a Harikeśa Swami a ayudar en la gestión. Dudando entre comprometerse en la administración y quizá descuidar la prédica, Harikeśa Swami consultó a Prabhupāda, quien simplemente dijo: Por favor, acepta mis bendiciones. He recibido debidamente tu carta fechada el 24/11/76. Sí, apruebo que ayudes a rectificar la situación en Alemania. Esperando que esto te encuentre gozando de buena salud. Harikeśa Mahārāja se aplicó a la tarea sin demora. La situación legal requería atención inmediata. Dos semanas después, iba camino de la granja de
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Hyderabad, donde Hansadutta Swami se reunía con Prabhupāda. Necesitaba las firmas de Hansadutta en documentos legales para el caso judicial.
HARI-ŚAURI DĀSA: «En la madrugada del 10 de diciembre, Prabhupāda llamó a Mahāṁsa Swami, junto con Hansadutta Swami y Harikeśa Mahārāja, que había llegado la noche anterior desde Alemania. La tarde anterior los devotos habían organizado un programa de pāṇḍal y distribución de prasādam, pero el programa había sido apático y la comida de mala calidad. Prabhupāda estaba visiblemente disgustado y recalcó a sus líderes la importancia de una buena organización, sin la cual todo estaba condenado al fracaso. —Mañana quiero ver por lo menos a quinientas personas —les dijo. He venido aquí para ver eso, no para sentarme tranquilamente en una habitación. Dadles alimentos sabrosos. Preparad un prasādam muy, muy bueno. Sea el dinero que sea necesario, yo lo pagaré. La teoría por sí sola no ayudará. Preparad un prasādam tal que la gente se vuelva loca por él. Yo hice que este movimiento tuviera éxito simplemente con la fiesta de domingo de amor. No venían a escuchar Hare Kṛṣṇa. Venían por la fiesta de amor. Desde el principio, cuando estaba en el 26 Second Avenue, todos los domingos servía comida muy buena, al menos para doscientas personas. A diario venían más de quince o veinte. Yo mismo cocinaba. Así empezó mi movimiento. Cuando Mahāṁsa Swami, sintiéndose responsable del desastre de la noche anterior, admitió que el prasādam no había sido muy bueno, Prabhupāda le interrumpió: —¿“No muy bueno”? ¡No lo comerían ni los perros! Y vosotros sois menos que los perros si preparáis algo así. Yo me sorprendí. Permitisteis que un barrendero cocinara. Me sorprendí. ¡Nosotros distribuimos prasādam, no comida para perros! Alimento sabroso significa que, incluso si alguien no tiene apetito, comerá. Eso es una buena comida. No algo que haga que, incluso si alguien tiene apetito, se le quite. Eso no es comida. Rādhikāra pakka anna vividha byañjana / parama ānande kṛṣṇa koreṇa bhojana. Rādhikā, con Sus amigas, cocina, y cocina tan bien que —parama ānande kṛṣṇa koreṇa bhojana— Kṛṣṇa come con gran placer. Y eso es lo que tenemos que distribuir. No comida para perros. Cambiando de tema, Prabhupāda empezó a hablar con Harikeśa Swami sobre Alemania. Harikeśa Swami explicó que, según el sistema judicial alemán, el caso requería unos catorce abogados, uno por cada acusado, y le expuso su plan para derrotar a la fiscalía y recuperar el dinero embargado. Aunque la opinión pública seguía siendo claramente desfavorable, estaba seguro de que al final saldríamos bien parados. La idea de Harikeśa Swami era detener toda la mala prensa enviando devotos a distribuir folletos en cada país donde hubiera una embajada alemana. En el folleto se harían comparaciones entre la persecución sufrida por los judíos y la que sufríamos nosotros, y se pediría a la gente que protestara ante el embajador alemán de su país. De este modo, también esperaba suscitar alguna reacción política. Cuando los Aliados devolvieron el país a los alemanes, incluyeron una cláusula en la constitución alemana que garantiza la libertad frente a la persecución religiosa, y Harikeśa Mahārāja pensaba invocar esa cláusula. Prabhupāda estaba visiblemente complacido con su entusiasmo. Después del paseo matutino, volvimos a la sala del templo para celebrar el día de la partida de Bhaktisiddhānta Sarasvatī. Prabhupāda dio una maravillosa charla sobre los cuatro primeros versos de su ofrenda de Vyāsa-pūjā de 1936: «Adore, adore ye all…». Mientras hablaba, explicó que todo el proceso de la vida espiritual y el ser salvado de una vida material de nacimientos y muertes repetidos dependía de satisfacer al guru. Para ilustrar su punto, nos contó cómo había enviado a Harikeśa Swami lejos de su compañía para que predicara en Europa del Este. Él quería que se hiciera esa prédica, y vio que Harikeśa era el hombre adecuado. Y su discípulo se fue inmediatamente, aunque en aquel momento pensó que estaba siendo castigado. —Sin embargo, no fue un castigo —dijo Prabhupāda—. Yo quería ese programa, y ahora ya empezamos a ver un rayo de éxito. Así que esto es lo que hace falta: renunciar a nuestro propio interés para satisfacer al maestro espiritual. La noche anterior, Hansadutta había ido a ver a Prabhupāda y le había sugerido que Harikeśa Mahārāja fuera nombrado GBC para Alemania. Él mismo ya no tenía ningún deseo de volver allí y, al mismo tiempo, estaba realmente impresionado con Harikeśa Swami. Un año antes habíamos pasado juntos un mes en el grupo personal de Prabhupāda, y durante ese período Hansadutta había llegado a sentir un gran respeto por la inteligencia de Harikeśa y su dedicación al servicio de Prabhupāda. Así que hizo una recomendación muy enfática, y Prabhupāda la aceptó de inmediato».
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HARIKEŚA SWAMI: «Durante el paseo matutino, Prabhupāda hizo algunas preguntas sobre Alemania. De repente dijo: “Ahora tú deberías ser GBC para Europa Oriental”. Me quedé totalmente pasmado. Entonces Hansadutta añadió: “Y para Alemania también”. Śrīla Prabhupāda asintió y dijo: “Sí, y para Alemania también. Y fideicomisario del BBT”. Me quedé aturdido. No podía creer que todo esto estuviera ocurriendo. Después de la conferencia, fui a la habitación de Prabhupāda y le dije: “No puedo entender nada de todo esto, pero por tu misericordia algo está pasando. Así que intentaré hacer este servicio lo mejor que pueda, según desees”. Luego añadí: “Y prometo no gastar nada de dinero”. Pero Prabhupāda me corrigió: “No, gasta. Pero no malgastes”. Cuando regresé a Alemania fui a ver a Jayatīrtha. Le dije: “Lo siento de verdad. Yo no he tenido nada que ver con esto. Simplemente me ha pasado. Pero aquí tienes una carta de Prabhupāda para ti y para Bhagavān”. Estoy muy satisfecho con el trabajo que Harikesa Swami está realizando allí en Alemania y Europa Oriental; por lo tanto, para animarle y darle facilidades para rectificar la situación en Alemania, le he nombrado GBC/BBT interino hasta la reunión de Mayapur. Vosotros, miembros del GBC, por favor, ayudadle en sus esfuerzos por ganar el caso allí, ya que este caso decidirá el futuro de nuestro movimiento en Europa. Después de leer la carta, Jayatīrtha balbuceó: —Pero… pero… ¡esto es fantástico! Yo no quiero ser GBC para Alemania. Esto es muy bueno. Así que al día siguiente se marchó a Londres. Yo me preocupaba sobre todo por dos cosas: el caso judicial y el saṅkīrtana. Estaba abrumado por el juicio. Teníamos una copia de la acusación oficial, y pasé mucho tiempo con los abogados, elaborando una estrategia. Pero resultó que no tendríamos que comparecer en el tribunal hasta un año más tarde. La distribución de libros había ido aumentando más y más, principalmente gracias a la inspiración de Maṇidhara y Rohinī-sūta. Unas semanas antes, Jayatīrtha había informado a Prabhupāda de sus hazañas en la distribución de libros, y Prabhupāda les había enviado una carta de ánimo: He recibido una carta de Jayatirtha diciendo que habéis distribuido en una semana 522 y 521 libros grandes, respectivamente. Esto es verdaderamente maravilloso. Os lo agradezco muchísimo. Ye yatha mam prapadyante tams tathaiva bhajamy aham. Krishna se vuelve cada vez más complacido al ver el incremento en la distribución de libros. El servicio devocional es absoluto, pero Krishna se complace especialmente al ver a alguien predicando Sus glorias. En los meses siguientes, la distribución de libros aumentó de forma espectacular. Para cuando llegó el festival de Mayapur de 1977, Alemania ocupaba el primer puesto en el mundo. Estábamos los primeros tanto en remesas al BBT como en número de libros distribuidos. Naturalmente, Prabhupāda estaba muy complacido, y dijo: —Todos pensaban que Alemania estaba acabada, pero Kṛṣṇa dijo: “¡No! ¡Que aumente!”. Después del festival de Mayapur, la distribución de libros se disparó. Pṛthu se convirtió en uno de los mejores líderes de saṅkīrtana que habíamos tenido nunca. Animaba a todo el mundo. Los devotos se volvieron locos bajo su dirección. Arrasamos todo el mundo. Nadie logró ni siquiera acercarse».