
लिङ्गयोन्यात्मिका जाता इमा माहेश्वरीप्रजाः ॥ ९ ॥
liṅga-yony-ātmikā jātā imā māheśvarī-prajāḥ
Estos descendientes de Maheśvarī han surgido constituidos por los principios del liṅga y la yoni.
liṅga—constituido por los principios del liṅga y la yoni, o caracterizado por ellos; jātāḥ—han surgido, han nacido; imāḥ—estos; māheśvarī-prajāḥ—la progenie de Maheśvarī, la potencia y consorte de Maheśvara.
Dig-darśinī-ṭīkā
Jīva Gosvāmī
Por lo tanto, incluso las Escrituras de los seguidores de Śiva parecen desarrollarse de manera independiente solo porque no se disciernen debidamente las distinciones particulares implicadas. En realidad, sin embargo, la conclusión que pretenden establecer es la misma que se ha establecido anteriormente. Así pues, el texto declara en este medio verso: liṅga-yony-ātmikā jātā imā māheśvarī-prajāḥ. «Estos descendientes de Maheśvarī han surgido constituidos por los principios del liṅga y la yoni».
La expresión māheśvarī-prajāḥ significa «la progenie de Maheśvarī».
Brahma-saṁhitā-prakāśinī
Bhaktivinoda Ṭhākura
Verso 9
Toda la progenie de Maheśvarī que existe en este mundo está constituida por los principios del liṅga y la yoni.
La opulencia completa del Señor Supremo se divide en cuatro partes. De ella, la manifestación de tres cuartas partes, libre del pesar, la muerte y el temor, es la opulencia de Vaikuṇṭha, Goloka y los demás reinos espirituales. Sin embargo, dentro de este mundo ilusorio, los semidioses, los seres humanos, todas las demás criaturas y todos los sistemas planetarios son manifestaciones particulares de la opulencia de una cuarta parte perteneciente al dominio de Māyā. Todas las entidades que existen aquí están constituidas, según la distinción entre las causas material e instrumental, por los principios del liṅga y la yoni, y surgen mediante su unión.
Todo conocimiento obtenido mediante la ciencia material confirma este principio. Los árboles, las enredaderas e incluso los objetos inertes manifiestan esta naturaleza de unión: la interacción de los principios activo y receptivo, o de puruṣa y prakṛti.
El punto esencial es el siguiente: Aunque términos como liṅga y yoni puedan considerarse vulgares en el uso social ordinario, dentro del discurso científico y filosófico son expresiones sumamente significativas e indispensables de principios fundamentales. La vulgaridad es meramente una atribución social. Ni la ciencia material ni la ciencia espiritual pueden negar la realidad únicamente para adaptarse a las convenciones sociales.
Por lo tanto, al explicar que el principio fundamental subyacente a la manifestación material es el kāma-bīja material, el empleo de esa terminología se vuelve inevitable. Mediante estas expresiones debe entenderse la potencia masculina como el principio activo e iniciador, y la potencia femenina como el principio receptivo y productor.
Anotaciones
Bhakti Gauravani Goswami
Maheśvarī es la contraparte femenina y la consorte divina de Maheśvara, y el compuesto māheśvarī-prajāḥ significa «la progenie de Maheśvarī». Así como Śiva recibe numerosos nombres según sus cualidades y actividades, entre ellos Maheśvara, su consorte también se manifiesta bajo numerosos nombres, entre ellos Satī, Pārvatī, Durgā, Kālī, Umā y Maheśvarī.
Como se mencionó en las Anotaciones al verso anterior, los términos liṅga y yoni se refieren aquí a principios estructurales universales subyacentes a la creación material, no meramente a sus manifestaciones anatómicas como los órganos generativos masculino y femenino.
Bhaktivinoda Ṭhākura reconoce que el uso ordinario asocia fácilmente liṅga y yoni con los órganos genitales, pero insiste en que su significado filosófico no debe reducirse a las asociaciones vulgares surgidas de la percepción mundana.
El error surge cuando la unión sexual material se considera la causa última de la vida y del universo. La Bhagavad-gītā (16.8) identifica esto como una conclusión atea:
asatyam apratiṣṭhaṁ te jagad āhur anīśvaram
aparaspara-sambhūtaṁ kim anyat kāma-haitukam
«Los demonios dicen que este mundo es irreal, que carece de fundamento y que no hay ningún Dios que lo controle. Dicen que es producto del deseo sexual y que no tiene otra causa que la lujuria».
Según la concepción atea, la unión sexual material se considera una explicación suficiente de la vida, sin ninguna causa consciente superior, mientras que los devotos entienden la generación biológica como una expresión material de principios causales más profundos gobernados por la voluntad divina.
Una confusión semejante aparece en algunos movimientos modernos que se presentan bajo el nombre de «tantra», en los cuales se promueven técnicas sexuales como medio directo para alcanzar el despertar espiritual, la trascendencia o la unión con lo divino. Tales prácticas no deben confundirse con las diversas tradiciones tántricas históricas, ni debe reducirse el simbolismo metafísico del liṅga y la yoni a una aprobación espiritual de la experiencia sexual. Cuando la propia sexualidad material es elevada a la categoría de realización trascendental, se confunde el reflejo con la realidad original. Desde la perspectiva vaiṣṇava, el deseo material no se transforma en prema por el mero hecho de ritualizarlo o describirlo con lenguaje espiritual; la conciencia debe purificarse y el deseo debe reorientarse hacia el servicio amoroso a la Suprema Personalidad de Dios.
No obstante, aunque solo sea un reflejo material, la atracción sexual actúa dentro de la existencia condicionada como la fuerza vinculante más poderosa, impulsando a la entidad viviente a continuar dentro del ciclo del nacimiento y la muerte. Como Ṛṣabhadeva explica a sus hijos (SB 5.5.8–9):
La atracción entre el hombre y la mujer es el principio fundamental de la existencia material. Sobre la base de esta concepción errónea, que enlaza los corazones del hombre y la mujer, uno se apega a su cuerpo, hogar, propiedades, hijos, parientes y riquezas. De este modo, aumenta las ilusiones de la vida y piensa en función de «yo» y «mío».
Cuando se afloja el fuerte nudo del corazón de una persona, enredada en la vida material debido a los resultados de sus acciones pasadas, esta se aparta de su apego al hogar, la esposa y los hijos. De ese modo, abandona el principio fundamental de la ilusión [yo y mío] y alcanza la liberación. Así llega al mundo trascendental.