Ilustración del Verso 52

यच्चक्षुरेष सविता सकलग्रहाणां राजा समस्तसुरमूर्तिरशेषतेजाः ।
यस्याज्ञया भ्रमति सम्भृतकालचक्रो गोविन्दमादिपुरुषं तमहं भजामि ॥ ५२ ॥

yac-cakṣur eṣa savitā sakala-grahāṇāṁ
rājā samasta-sura-mūrtir aśeṣa-tejāḥ
yasyājñayā bhramati sambhṛta-kāla-cakro
govindam ādi-puruṣaṁ tam ahaṁ bhajāmi

Adoro a Govinda, el Señor primigenio, cuyo ojo es el Sol, el rey de todos los planetas, la personificación de todos los semidioses y dotado de un resplandor ilimitado. Por el mandato del Señor Supremo, el Sol se desplaza dentro de la rueda del tiempo.

yat-cakṣuḥ—cuyo ojo; eṣaḥ savitā—este Sol; sakala-grahāṇām rājā—el rey de todos los planetas; samasta-sura-mūrtiḥ—la personificación de todos los semidioses; aśeṣa-tejāḥ—dotado de un resplandor ilimitado; yasya ājñayā—por cuyo mandato; bhramati—se desplaza; sambhṛta-kāla-cakraḥ—llevando consigo la rueda del tiempo; govindam—a Govinda; ādi-puruṣam—al Señor primigenio; tam—a Él; ahaṁ—yo; bhajāmi—adoro.

Dig-darśinī-ṭīkā

Śrī Jīva Gosvāmī

Alguien podría objetar que algunas personas consideran al dios del Sol Savitā como el Señor Supremo. Brahmā responde a esta objeción con las palabras yac-cakṣur.... El Sol no es el Señor Supremo, sino el ojo de Él, Govinda, pues, al iluminar el universo, desempeña la función de Su ojo.

Así lo confirma Kṛṣṇa en la Bhagavad-gītā (15.12): «El resplandor que está en el Sol e ilumina el mundo entero, así como el que está en la Luna y en el fuego, sábelo como Mi propio resplandor».

Del mismo modo, las Upaniṣads declaran: «Por temor a Él sopla el viento; por temor a Él sale el Sol». Además, en la descripción de la forma universal (virāṭ-rūpa), el Sol es presentado como el ojo del Señor.

Brahma-saṁhitā-prakāśinī

Śrīla Bhaktivinoda Ṭhākura
Verso 52

Adoro a Govinda, el Señor primigenio, por cuya orden Savitā, el Sol, rey de todos los planetas, dotado de un resplandor ilimitado, personificación de todos los semidioses y ojo del universo, recorre el sendero de la rueda del tiempo.

Muchas personas versadas en los Vedas adoran al Sol como Brahman. El Sol es una de las cinco deidades principales (pañca-devatā).

Otros sostienen que el calor es el principio generador y que únicamente el Sol es el depósito del calor y, por consiguiente, la causa del universo.

Sea cual sea la opinión que se sostenga, el Sol es la deidad regente de una esfera constituida por luz material. Por ello, es una deidad administrativa (ādhikārika-devatā).

El Sol desempeña su servicio únicamente por mandato de Govinda.

Anotaciones

Bhakti Gauravani Goswami

A lo largo de la historia, el Sol ha sido uno de los objetos de adoración más extendidos en la civilización humana. Los pueblos antiguos reconocieron que sin el Sol no habría luz, calor, agricultura, estaciones ni vida biológica. Como consecuencia, muchas culturas consideraron al Sol la deidad suprema o la manifestación visible del poder divino. El culto solar apareció en el Egipto, la Grecia, la Roma y el Japón antiguos, así como en las civilizaciones de todo el continente americano.

La tradición védica también concede al Sol una posición excelsa. El dios del Sol (Sūrya o Savitā) es venerado como uno de los principales semidioses, fuente de la luz y el calor, y fundamento para medir el tiempo dentro del universo. El linaje de la gran Dinastía Solar (Sūrya-vaṁśa), en la que apareció el Señor Rāmacandra, se remonta hasta el dios del Sol.

Sin embargo, el propósito de Brahmā en este verso es establecer que, por glorioso que sea el Sol, no es el Ser Supremo. Al Sol se le describe como el ojo de la forma universal y el rey de los planetas; sin embargo, se desplaza únicamente por orden de Govinda. Su resplandor es una manifestación del poder del Señor, y su órbita está regida por la rueda del tiempo establecida por la Suprema Personalidad de Dios. Así pues, el verso reconoce la extraordinaria importancia del Sol, a la vez que lo sitúa en su debida relación con Govinda, la fuente del orden universal.

En el Décimo Canto del Śrīmad-Bhāgavatam (10.87.41), las Śrutis, los Vedas personificados, extienden esta visión más allá del Sol y de su trayectoria cósmica. Declaran que los innumerables universos, cada uno encerrado dentro de sus propias cubiertas, se mueven en el Señor Supremo bajo la influencia del tiempo, como partículas de polvo arrastradas por el viento en el cielo: antarāṇḍa-nicayā nanu sāvaraṇāḥ kha iva rajāṁsi vānti vayasā saha. Por consiguiente, el kāla-cakra de este verso no se limita a la órbita solar ni al cálculo de los días, las estaciones y los años. Es el poder divinamente ordenado mediante el cual todos los cuerpos materiales, los planetas y los universos se mueven, cambian y perduran durante el período que les ha sido asignado, mientras que Govinda mismo permanece fuera del alcance de su influencia. Él permanece siempre plenamente independiente, sva-rāṭ, como se afirma en el primer verso del Śrīmad-Bhāgavatam.